Una Buena Sopa
No hay nada como una buena sopa en un día de invierno
y no hay nada como ver el atardecer,
con los labios mojados
de palabras que ansían
un eco en otro lugar
que su propio paladar no sea.
No hay nada como una ráfaga de pesimismo
que envuelve y acaricia de vez en cuando.
Ya basta de acostumbrarse al buen despertar
y al tener más de una razón por que ser feliz,
reclama la mala suerte a las ansias de control y convicción.
No hay nada como una de esas buenas noticias tristes
en un buen día con aires de mal parido y sin gracia
adornado de colores opacos
faltantes de transparencia y diafanidad.
No hay nada como una buena desesperación
actuada con descontrol, rabia y sin reparo
en el momento inesperado que no conoces
que no esperas, que no te atreves a invocar.
Pero llega, como ladrón que toca tu timbre
y lo haces pasar, absurdo y sin reparos
se sienta en tu sofá y come de tu mesa.
Toma sopa caliente en pleno verano.
Toma sopa helada en un clima frió,
y sírvela en loza fina
procura, con agujeros profundos.
Mira tu plato, hace frió
y aquí no hay sopa.
