Eduardo Langagne – Tabacalera

Sábado, 20 de Junio de 2009 Dejar un comentario Ir a comentarios
Eduardo Langagne

La creación literaria de Eduardo Langagne (ciudad de México, 1952) no sólo se manifiesta en sus libros de poesía, sino que se expresa también en originales propuestas escénicas (música y teatro, cine en video, programas radiofónicos) y en la arriesgada empresa de componer canciones para interpretes populares. Tabacalera pertenece a una variedad de poesía muy difícil de mantener en terrenos de buena factura, que se presta a deslizamientos hacia lo meramente banal, lo descriptivo o la excesiva complacencia. De manera eficaz el autor evita esos tropiezos.

Tabacalera

(el fantasma andaba por ahí)

confundido en la blancura de las paredes
andaba por ahí

antiguamente tuvo la piel sin erupciones
vivió riéndose entre los marcos de las puertas
sonriendo en las ventanas
como el príncipe estúpido de los cuentos

andaba por ahí
inventando los ruidos
para no estar tan solo

(el que escribe ha pensado
  en las cruces de las tumbas olvidadas
  en las últimas flores dejadas por los deudos)

tuvo mujer o su aroma apetecible

(el que escribe piensa
  en las notas de un piano tranquilo
  y el violín que acompañan solitario coñac)

ahí andaba y conocía que su destino
era ése y no otro más feliz o menos grave

tal vez sigue todavía
deambulando
  extraviado
  solo

(yo viví muchos años en aquel jardín)

no recuerdo quién silbaba una canción
sentado en el borde de la fuente

tobacco road

los caminos traicionan

cuando vuelvas a verte en el espejo
ya no serás el mismo

confiarás sin embargo
que lo sea tu memoria

(y es que la noche puede asirse quien se ahoga)

las volutas dibujan
en los rostros de todos

ya no dejan crecer otros aromas

y no inhalan tampoco
para no recordar

eran otros los tiempos
aspiraban tabaco
picado finamente
le llamaban rapé
existen las polvaredas
las cajas decoradas
finamente
 exquisitas
de vicente guerrero
de iturbide

ahora el tabaco crece
doblaremos sus hojas
como tantas historias
que pueden ser contadas
y doblarse después
para encenderse

(para encenderse)

a alguno le preocupa la estrella
que no ha salido todavía
la que bautizó con un nombre de mujer

otro finge dormir

al cerrar los ojos aparece un horizonte
rasgado por el viento
como si fuera de papel de china

(junto al agua bendita tiene sed)

¿alguien puede
  recordar
  las palabras
  que dicen
esos cuatro
  muchachos
  sentados
  en la barca del jardín?

las palabras
  que dicen
  esos cuatro
  muchachos
  se han marchado
  en silencio

(de los otros tiempos)

hurgando en la alacena encuentro un bote
de cartón la avena cruda me obliga a recordar
su aroma cuando humeante y servida en la
gran mesa un domingo azúcar y canela
aspiro profundamente en el bote pequeño
del polvo para hornear
veo el infinito el círculo suele repetirse
y me quedo mirando cada círculo nuevo que
aparece cada círculo nuevo cada círculo
nuevo que aparece cada círculo

(cada círculo)

y así mirando vuelvo a este punto
donde estoy escribiendo
guardo el anzuelo
y dejo el viejo sombrero junto a mí
el pez que traigo encima de los hombros
se pudre irremediablemente

odio los peces que se pudren

sé que todos mis amigos odian también
a los peces que se pudren

Baladas del camino del tabaco

(balada del principio)

para alcanzar el escenario
faltan tres escalones
el pecho está tibio o el ron
la guitarra afinada

faltan dos

siempre eres joven
si traes el alma dispuesta
todos tuvimos nuestro zimmerman

falta uno

miro tus ojos
y sé que la voz me saldrá a tiempo y suficiente
es éste uno de los placeres de mi vida
el escenario este escenario
voy a probar a qué suena
mi armónica cómo
mi guitarra
ahora estoy listo

he vivido así
¿pueden escucharme?
tocaremos el piano
nuestras viejas canciones
buenas noches

(balada de los diez de nosotros)

diez de nosotros quisimos ser poetas
ocho abandonaron
dos seguimos
sabemos que el mas terco podría lograr un verso
que diga lo que todos pretendíamos

diez de nosotros cantábamos al aire
ocho callaron
dos seguimos
sabemos que el más terco podría lograr un canto
que diga lo que todos pretendíamos

diez de nosotros sonábamos despiertos
ocho durmieron
dos seguimos
sabemos que el más terco podría lograr un sueño
que viva lo que todos pretendíamos

(balada de nubia)

nubia era rubia
probablemente a causa de esa rima
entraba con pie izquierdo a los cuentos de amor
ninguno pudo hacerle un buen poema
no había batracio para beso alguno
que ella pudiera dar para intentar un príncipe

desde el balcón lanzaba su cabello de oro
y nadie quiso escalar hacia su boca

(balada al aire libre)

ella salió al sol
de entre los árboles

el pelo enmarañado
cubierto de hojas secas

húmeda todavía
descalza

desde mi tibio lecho de hojarasca
les advierto que hoy
no escucharán en esta boca
más nombres de mujer que el suyo

(balada de las preguntas)

¿adónde llevarás tu historia?
¿adónde mudarás tus papeles?
¿y tus lápices gastados?
¿para dónde tu música?

Langagne, E. (1992). Tabacalera. México D.f.: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

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