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Rodolfo Girón

Miércoles, 12 de octubre de 2011 Dejar un comentario Ir a comentarios

Rodolfo Girón.

(El Jobo, Mpio. de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México). Nació el año en que Salvador Dalí anuncia la creación de la fundación Gala-Salvador Dalí y la donación de 621 de sus obras al Teatro-Museo Dalí, en Figueras; en Norteamérica se estrena en televisión la serie Las aventuras de Sherlock Holmes, con Jeremy Brett (Holmes) y David Burke (Watson); en Rusia: es inventado uno de los videojuegos más famosos de todos los tiempos, el Tetris por Alekséi Pázhitnov; en Estados Unidos: Ronald Reagan pronunció las siguientes palabras, mientras probaba un micrófono, sin saber que estaba en el aire (sus palabras fueron radiadas en directo): “Compatriotas americanos, me alegra decirles que hoy he firmado una ley que ilegalizará a Rusia para siempre. Empezamos a bombardear en cinco minutos”; el Frente Sandinista de Liberación Nacional gana las elecciones generales en Nicaragua; fallece Rodolfo Guzmán Huerta “El Santo”, luchador y actor mexicano; Michel Foucault, filósofo francés; Hugo Sánchez en este año obtiene su primer Trofeo Pichichi al anotar 19 goles. El mes en que la cosmonauta soviética Svetlana Savitskaja se convierte en la primera mujer que camina por el espacio; nace la primera niña probeta en España; Doce hombres de negocios europeos consiguen en 48 horas reunir la fianza para pagar la libertad provisional de José María Ruiz-Mateos. Es estudiante de Historia en la Universidad de ciencias y artes de Chiapas (Unicach).

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POEMAS

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Para ti no las heridas ni el rudo adormecerse en las manos. Para ti no las cactáceas a lo largo del corredor, para ti no la responsalia humeante del viajero, el grafiar las amarillas sombras que suelen aparecer en días sin cantiga de gallos. Ni la madera bruñida entre los rezos de la muerte, cuando zaherir enemistante el trasegar en círculos, la rechifla íntima que deslumbra tu silentar la palabra como un diamante en llamas. Debajo del armario el aire halló su liquidámbar fepardino. Debajo del aire alguien estancia gatos. Debajo de la noche ella misma, bífida, nostálmica y cortesana: nutre ya su desventura. Anquilosa la mortaja de la arena en el golpear las recargas extras de entristar el bello aluvión de no sé quién, a la hora de la sordina mientras húndese el ulular de tus encriptados rescoldos de genética inaprensible. Tampoco, por supuesto, te nos vayas a recomponer sus diarios, el corazón de jaspe, del parpadeo hasta el árbol, la mirilla de nuestras más hondas rarezas. No anhelas para ti la ultranza del bosque, la bagatela párvula de la mañana. Ayer, hoy y nunca el mismo sin fin llevaba mi amigo del suroeste. La tragedia de milenios memoriosos. La sangre triplemente acribillada, invadida por ideas funestas. Ahora duermes entre cerúleo y horizonte, calendular tu ceniza, el fantasma visitante de la tierra esta que sostiene el granajear de amarilluvia, el postrer vaho avecindado entre la casa. Tuyo. Ineluctable. Cleumonquino sulfúrale a tu madre, esas noches de bahía y aguamarina parduzca. No quiero anotarlo. Inútilmente desgañítase el pajarear de los muchachos, de los vencidos que acuden a cualquier hora a los almanaques, de aquellas gentes embrutecidas de niñez como los huertos se agrietan de milenios. Hénos polvo no sufragado de su bonanza turbia, naufragio insuficiente: aquí en estos lares del mundo.

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Escríbote deste océano furibundo que martilla las paredes. Vamos a olvidarnos solsticiando ruinas e instalando cabizmundos, retruécanas envidias; piaramente extraumbral poematizas la obertura y el clavicordio. Mundiaguda te nombras los esquinares donde se presiente la ciudad del desencanto. Raris lux no entiendo el oropel de la súlfura violencia en los vitrales de tu no ruido. Las tuyas letras siempre fueron un paréntesis. Apoteosis rubicunda, el decoloro en tus ojos cuando muy entrada ya la oscuridad, relumbrábate las ojerosas palabras. Vos, colectiva, de rústicos gestos: aquí constancia déjote la que impera mi oficio de lloverte triplemente los noviembres. Que claro quede: tuve mar y afiliación de salud hasta antes de los veintitrés. No descascaré el embrujo del niño hombre. Ahora hombre viejo niño eres un poco polvo, cómplice, torpe desde siempre. De abstracto corazón y sangre istmeña. Sedentario, citadino animal, hombre posmoderno, basura digital, cifra estadística en la agenda de los trastornados chicos guapos que riendan ignaramente las estas tierras nostras. Que se conjure el grito de los aplastados antinatura. Corre la voz de que pronto hemos rotundos tercos de implotar.

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Deudor fehaciente. Deudor empedernido. Impolutamente ceniza. Deudor sin fin en los embrujos del mañana. Deudor de rumbas tristes. Acomodado in situ, siempre a punto de la caída o del recuerdo. Trenula tu carproteósico y tierno sigilar, vas en primera línea con rumbo hacia después. Ventanilla la te agranda el latido, la cornucopia, mil nubes mil. Tremebúndola recita atardeceres suerte la tuya; llora no con ojos ni alma. Revuélcate en tu propio poema, tatúate el rostro hasta que la putísima blancura de sus días hállanos condecorado la hombría, el momento de volver a la diástole que sucumbida estuvo amenizando aullidos de perro. Túvoles magras respuestas la lunetérea naranja de sus pechos de la amada. Qué metrónomo le silbaba por las tardes la puntual trayectoria del sosiego ajeno. Sollozámbulo te fuego en las paredes, te arrebol de muchacha triste le abandono, me abandona. Nos devoción que revienta estenopeica tu cintura. Nadie más que yo en vano descifré el bipolar matiz tuyo de andar sobre la imagen. Cuántas obturaciones te acorralaron el semáforo en el centro de ti, te negligencia la altura en la que ahora vives. Te suburbia el malecón que imaginas, mientras el humo serpea por la panorámica. Tertulia el agua en el cerro del mispía. Aguarda la presa en su hidraulia lucífuga, linólea remendada, el cauce enervahido rozando tus instintos de cerulear las estancias, de ese el tan de ti incienso. Trujatera rompemuerte, zapatera a tu zapatilla vamos a quitar las cadenas al miedo de costurarle las heridas a tu pueblo.

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Vaçáicem la ista, porta negramanta verdecántiga do su men a verzspit scagarde le tours es un simiente, na contahrs rerum velko esoayet nef gabdi uy hela chtra, vas hardeb no sos fergiht yoa nelban. Phileo nos concede desde el azar un fuego tan pasivo que nadie sabe si útil, o inútil: bienvenida seas soledad a nuestros candiles. Recibida con agradables narmostegios, efervecerás de azul y ronca costra: cuida que tu nombre se vuelva no un disfraz fehaciente para sanguíneas razas dotadas de simulacro. Que no falsifique su aliento, la raíz de donde la palabra nutre el sideral oscurantismo espejeástico morfema. Tu recuerdo y su resabio, tu amor y tu canción; retama su mirada sobre mi rostro, poeta retúmbote como un eco fantasma? Le remarco mi vibrar de vagabundo a las displicentes mocedades de las niñas que solventan la amargura con trozitos de espejismos paz. Que tu nombre sea una naveganza estátil, un claustro de sal irrumpiendo sus propias superficies; que tu nombre me recuerde, mas no la nívea errancia del silencio. Mas no la detensiva responsalia del abruptador que respinga las andanzas en tu espalda. Que tu nombre sea un plasmitar la somnolencia eruditaria de los cuérvulos panteógrafos del detrimento. Roque Dalton que tu nombre sea no en vano en este nuevo siglo.

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