Plegaria de un desnudo
Desnuda mía:
hoy te pongo en un vaso porque temo
que en el instante donde eres más agua,
de pronto, sin querer te desparrames
y te absorba la cama y no mi lengua,
y escapes de mi piel
en forma de vapor,
desnuda mía.
Desnuda mía:
hoy que no has hecho pan hueles a pan,
y aunque no tenga lámpara ni fuego,
algo que huele a pan se enciende y quema;
hoy no he comido nada pero algo,
algo que huele a pan me satisface,
me sacia con su luz,
desnuda mía.
Desnuda mía:
hoy cierro las ventanas porque temo
que sin querer, de pronto, te conviertas
en pájaro, libélula o papel;
se te ocurra volar y ser ingrávida
y abandones mi tacto,
mi aliento, mi sudor,
desnuda mía.
Desnuda mía:
hoy estás de pie, de pechos suaves,
de tu absoluto sexo,
de fruta tropical y psicotrópica;
parece que estoy ebrio pero no,
hoy es tu desnudez la que me vuelve
imbécil y dulcísimo,
oleaje y vendaval,
desnuda mía.
Desnuda mía:
hoy déjame caer en tentación,
libérame las mieles,
y frótame en tu cuerpo de guayaba,
de bosque, de animal, de chocolate;
hoy no tengo derecho a poseerte
y sin embargo estoy igual que tú:
estoy desnudo.
