

Tejido para lunecer sin tanta asfixia
Sobre tu sombra como un camino de luz.
Sobre tu espalda como un coágulo de sangre,
como una voluta de aire en los pulmones de la noche:
Así voy.
Conserva ese recodo, mantén tu cadera en posición de elipse.
Meretriz que urdo a empujones con el cáñamo de savia
y aceptas grácil el zurcido de mi vértice.
Allí es cuando mejor comprendo el movimiento de los astros.
Mientras giro sin girar como trompo de carne sin carne
como un demonio que busca el eje del gemido
en cada parte de tu muselina:
Hunde tus mandíbulas sobre la cama.
Prometo seguir intercalando mi raigambre en tus telares.
Bailando esa milonga te he de encontrar, y aunque tus heridas intentare sanar con el son frágil de un tango, será tu paso firme el que decida entrar…
R. de la R.
a Chío de la rosa que navega con pausas este mar de abrazos.
La malicia es dulce como el crisol que cubre el tiempo
y un tango se pregunta ¿ A dóde voy a donde vamos?
Me miro en tus ojos y ni siquiera me acuerdo de la nada
de la ciudad que con el zumbido de un martillo
te hace sentir propio, demolido y peligrosamente poseído.
Querida amiga:
Jamás había sentido en carne propia
El incendio terrible que provoca en mí
A veces, el escribir sobre las montañas y el mar de telas.
Jamás había sentido el sólido, libre y ufano
Fondo de los mares lejanos,
El escalofriante placer de las mesetas eternas
La terrible existencia de la lluvia
Que algunos consuelos tiñen con el cielo de hogueras místicas.
Y qué me queda aparte del oscuro pensamiento querida amiga,
Si lo que busco también es lo que soy:
Un continuo vaivén entre lo alto y lo bajo;
Un sentimiento regocijado en el aura subyugada a lo que usted hace y proyecta.
DANZA
La condena retrocede a un sólo instante,
donde los cielos, eclipses y todas las lunas
dibujan la silueta y la sombra de una imagen.
La luz refleja y somete al humo de segundos.
En la oscuridad, mordiendo los tacones,
la debilidad como licor en la boca,
derrama las seducciones como una danza.
A 122 Km/ h
Llevamos un siseo de miembros agotados.
Hoy tus párpados saben a quemado. Como la cerveza inicial,
cuando te acercaste a la mesa, para pedir la espuma
y decirme que la mar estaba recóndita, entre tus nalgas:
Vaivén y oscuridad. Siempre me gustaron las profundidades.
La danza entre dos almas pérfidas.
Pero hoy los navegantes son convulsión irrefrenable.
Nunca alumbraste en dirección a tus compuertas.
Y el azul detrás del retrovisor coloca agujas en el rostro.
Una lava atroz erigiéndonos arrugas.
Arde intenso el estómago.
Arde desmesurada la noche oculta en cualquier resquicio.
Sí, putita mía, hoy extinto es el germen del vicio,
su fragancia al humedecer el pasatiempo.
Sabrán los calendarios y su veloz tránsito,
si alguien de los dos tendrá tendones y pudor
para retornar íntegros a la madriguera?
Avelino Gómez Guzmán
Avelino Gómez Guzmán. (Manzanillo, Colima; 1973). Estudió la carrera de Letras y periodismo en la Universidad de Colima y fue parte del taller literario Balbino Dávalos de la Secretaría de Cultura de su estado. Becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes (1996-97). Textos suyos están incluidos en la plaquette Pleamar que coeditaron la Secretaría de Cultura de Colima y el Ayuntamiento de Manzanillo. La presente selección ha sido realizada a partir de la lectura del libro El agua y la sal, mención honorífica del premio nacional de poesía “Elías Nandino” 1997.
En El agua y la sal, el autor colimense evoca a la mar como madre engendradora, dueña de tormentas, símbolo de la regeneración y constante bautizo de quien contempla la violencia de sus aguas.
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HIGH TECH 5000
Insensiblemente uno se habitúa a vivir entre cadáveres
desmenuzados y entre vidrios rotos, hasta que se descubre el
encanto de las inundaciones, de los derrumbamientos, y se ve que
la vida sólo adquiere color en medio de la desolación y del desastre
Oliverio Girondo
Acontece
el rorro de la estopa
—en una mona
caben varios pasatiempos //::
viene viene el arrapiezo
limpia parabrisas
gallardete entre
los pepenadotes
Mas TUSIGEN
no es empresa sencilla
@ carísimo para esto
aun más
que la trementina
rotulando su risita
México lindo //podrido\\
allí les agazapa
una nata obesa
el humillo más transparente
(…)
Huye de casa
afuera el macarrónico
frío
(rumiar de inspectores
y turismo raticida)
le maltrata. Mal esperanto
de ovejas caldea
las alucinaciones sodomitas
, bajo la alcantarilla
Sed de sol
SEDESOL
de puritita piedra
TripaGruñona
cederá tras la esnifada
saldrá a drenar abismos
mendicará silente
como queriendo verificar que
esta ocasión sí puso la marrana
TˉˉT excepciona ya el telégrafo
de Maples Vargas Vila
mazorca desgranada
pero si son Les Temps Modernes
Profeta andrajoso
maloliente crepúsculo silencia
Golpea
va
desdiciendo
muertes
abominaciones
No la paliza
que le aguarda
mañana con mañana
Amanece en un iris lagañoso
es el único destello:
es la muñeca
Drenaje de una vida,
corazón de pegamento.
Joaquín Vázques Aguilar
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Joaquín Vásquez Aguilar (Cabeza de Toro, municipio de Tonalá-1947- Tuxtla Gutiérrez-1994) falleció unos días después del estallido zapatista en Chiapas; partió de igual manera como vivió, casi inadvertidamente, rabiando contra el mundo de asfalto, soñando con ese estero de mar que llevaba dentro. Nacido en la década de 1940, emparentado generacionalmente con otros tres poetas de la postguerra en Chiapas: Raúl Garduño, Efraín Bartolomé y Oscar Wong. Quincho Vásquez está más cerca del primero en cuanto al ejercicio poético: su tono angustiante, su ironía rítmica, su desgarrado conocimiento del mundo, son paralelos al de Garduño, no así su espacio poético.
Atrapado en la poética de la festiva fatalidad del lenguaje, Vásquez Aguilar sustantiva los verbos, adjetiviza los nombres, transgrede los sentidos, disecciona los sonidos. Su poesía es una caja de Pandora, algo así como el fuego prometeico. Pero su discurso poético no se aísla de su sustento semántico. Su errante caminar de poeta oscila entre la ingenuidad y lo maquinado, entre lo referencial y lo profano, entre la armonía clásica y la sinrazón romántica.
Prácticamente desconocido más allá de los círculos culturales y los amigos, Joaquín Vásquez Aguilar se fue como llegó, solo. Su soledad es la de esta tierra sin tiempo, hoy convertida en botín de los afanes más primitivos de la sociedad humana: la guerra. El punto máximo de esta crisis fue demasiado para este poeta. Huyó a tiempo o destiempo, no lo sabemos. ¿A dónde ir si se está aquí, con todas las voces del mundo pariendo a nuestro alrededor?.
Habitación 608
Sonríe nena. Parsimoniosas sombras tendrás
resbalando sobre tu médula,
una tonada de lujuria desbaratando el telar
en tu bajo vientre.
No enciendas los ojos. En mi lengua hay electricidad,
buscando el pararrayos de tu alquimia:
Onfalo de tu carne: Centro exacto
a donde el radio de mis circunferencias
establecen su golpeteo, su cabalgata. Donde soy manantial.
Trigonometría natatoria que ausculta tu profundidad,
el fugaz destello pupilar, la fragancia de la noche
que se expande sobre las sábanas.
Sonríe, disfruta. El alquiler pronto caducará.
Km. 190 [25 msnm]
Sigue, meretriz color nube.
Aniquila con la lengua este cuerpo antiséptico.
Pero antes de que los amarillos empiecen a perder su magnetismo,
no describas cuántos orgasmos se te han caído,
cuánta furia sin lustrar hay en ese cuerpo de metal,
cuántos moteles llevas en la memoria.
Sólo despojáte el llanto y el quimono que estorban.
Ve mi transparencia, mientras domestico al aire
a contemplar muy por debajo de mi espíritu.
Mientras se engarza tu desvelo en mis manos.
