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A Jesús Heredia, en recuerdo de una tarde
Vino con la tarde
un reloj de arena donde caían
lentas las cenizas del día viejo
Húmedos los parques
y la piel de tu lado izquierdo estaba tibia
Fuimos como todos
a dejar nuestros pasos en las calles
a publicar los silencios en la ciudad fantasma
Un paraguas cómplice guardó nuestras manos dormidas
lejos la voz de Tláloc incapaz de tocarnos
Después volvió un canto de cláxones
fueron tambores los pies transeúntes
Retomamos el paso
Reanudaron su ritmo los danzantes
(((…Havietteti…)))
internitente
itinerante
una piedra galopa en la ventana
y ésta no cae
se torna cal
y se ve la silueta de una mano
sin huellas
sólo sudor pulverizado
y trato de encriptar sobre el papel la identidad…
fue alguna alucinación destruida
tras la noche de mi suicidio
Página en blanco
Es la melancolía la que tiene un nombre,
dentro de lo perverso se posa en el umbral
y queda ante toda imagen del cielo.
Dibujada en la espalda como una herida,
un alimento que protege, calma mi llanto o lo espera.
Mi luz manchada, una boca eterna o idiomas separados,
desdobla lo pensable y desfallece el amor
como sus propias manos y letras de todo debate.
Se trata de escribir aquello marchito
desdibujado.
Exegénesis
Ambaricosa espesa masa
Peso inerte
Voz hueca palabra
Canto lirondo
filiflama encendida en vaciedad
inun-nada
pulso de luz azul
fluyen lentos átomos besándose
esquirlas de dios
ruedan como redondas góndolas
espirales elementos danzan en remolinos neutros
no era entonces ni el alma del cristal
ni el peso de la pluma
ni la pluma
ni el canto, huésped del pájaro
y el verbo dijo: sea Dios
y fue dios
el
primer
día.
(((…poema atmosférico…)))
Om
Om
el gran nombre del que no quiso ser el dios
Om
Om
la asimetría del círculo:
la segunda copa
vertida entre mis ojos
(como la noche)
añeja e impalpable
Om…
(y sé) (o mejor no sé)
lo que me depara el dios de los que rezan a alguien que se hace el sordo…
Duele arrancarse la raíz
grieta que se desgarra con cada paso que sostienes.
La distancia congelada teme del sol,
(luz fecunda que abre paso entre las sienes
de los fantasmas bajo tu cama, detrás de la ventana).
Se abren camino los peces y en tu desierto la intimidad no respira.
Ahogo colectivo: Ellos por descubrirte, tú por sedarte.
Minutos de papel quemado;
es más rápido el fuego que tus manos
es más fugaz su sed que tu delirio.
Apaguemos pues el leve incendio
que ha dañado tu cabeza errante
olvidemos los signos que te anhelan.
Algún día
irrevocablemente…
Te morderá el desastre.
En cambio me enseñaron a llorar,
pero el llanto es en mí un mecanismo descompuesto.
Rosario Castellanos.
Porque alguien te enseñó
algo invisible,
que poner las manos cerca de tu vientre
apacigua el mar de libélulas
que volverán a ser larvas.
Porque repetir palabra por palabra
la frase obligada ante la muerte
no ayuda a recordar
lo que pidió la suerte.
Intentarás olvidar la suciedad de tu estampa,
el frasco roto donde flotó materia blanca
desatando los nudos de la sangre.
Y así como te ves
jardín de espejos sin brillo
has aprendido a opacarte,
teñirte de gris,
vestirte de lino.
y has guardado en el centro de tus ojos
la tinta, el eco del amargo llanto ya olvidado.
Porque las mariposas del vértigo no me acompañan, temo vivir.
encapsularme como los ángeles que desconocen la tersura de su sexo.
por eso cabalgo en los sueños de todos
los que creen conocerme y aquellos que me tejen a su gusto.
como si una llanura verde me esperara.
quiero alzar los brazos para picar el cielo que no tocó mi madre
y ser hoja en el remolino de los días
polvo gris que se prende entre los árboles.
Idea.
Recuerdo.
Ya que aventaste la primera piedra
a lo que pudo ser,
nuestra casa.
No puedo quedarme a observar
cómo caen los trozos sobre este fango de tristezas,
no quiero vivir entre las ruinas secretas de luz,
vislumbrar tus oxidadas manos
levantando la cortina del recuerdo.
Descalza me voy,
( descalza pise tu calle, tu casa, tus mañanas)
y al apagar la luz, alfileres de sol
me disecarán tras cruzar la puerta.
A decir verdad me quedaría
a descubrir entre el polvo las ventanas.
Intentaría reparar lo que sé desde siempre no tiene remedio.
Me quedaría
Si en mitad del silencio
tu calma trepara mi columna
y gritara mi nombre la inocencia.
cuando envejezca pensaré en mis versos
como en esas inacabadas historias de familia
con cenas y despachos y salones
Peter Gimferrer
es oscuro todo
a la vez nada:
nadie sigue
a un hombre
a la sombra
que levanta polvaredas
nadie detrás
escucha tropezar
los adentros
de una soga
enrollada al cuello
porque
es como un collar
erguido
que arde
y regresa:
es oscuro todo
y
a la vez nada
