después de tanto horizonte confinado
la ventana escupe su primera pista
empieza a incitar su inamovilidad triste la fuga
perderse en la maraña informe de la vida
en otros cuerpos celestes
es el sueño latente de la carne
ella se levanta de la cama
se acerca a la ventana casi hecha humo y mar
y rememora su infancia
él le dice que vuelva
a donde quiera que vaya presenciará disminuir
ese carnaval de placeres que siempre encalla
en los huecos que la antropología no registra
son sólo dimensiones que gritan como la muerte
un montón de mineral derramado
sobre plataformas sucias
cadalsos que pulsan en las sábanas
mientras los espejos se endurecen
dejando costras de sequía entre la plegaria confusa
que germina entre sus miembros desolados
pero esas figuras al aire
despojadas de toda razón
ya no cantan
ya no ríen
exhaustas de tanto vicio
de no llegar a ninguna coordenada mágica
se han cerrado abruptamente
el movimiento sigiloso en sus masas casi aletargadas
es un mutismo cancerígeno que se quebranta entre los huesos
ellos reconocen que son leopardos sofocados
intentando atrapar la ternura [enérgica y decidida] de sus formas
entre la estepa blanca que ahora les recubre la mirada
y la amargura que transpira en la habitación
el precipicio de buscar y sólo hallar lo mismo
es todo lo que se visualiza a la distancia
EL VERSO QUE ARDE
VII
En el umbral de las palabras
Versales luciérnagas
Aguardan el rito de tu nombre.
El silencio y el estruendo
cohabitan tu génesis
Chispa sideral
Cristal de obsidiana
Tu mirada
Piélago…
Más allá.
VIII
En el atardecer del primer día,
En la cálida noche descubierta,
Cuando las horas marchan una a una
Sonámbulas como una gota de agua;
d e am bula nte s
en los peñascos sedientos
de misterio
y de lluvia ante la tarde
misteriosa,
impenetrable.
EL VERSO QUE ARDE
VI
¿Quién es el poeta?
El que canta
El hermano
El perseguido
Me persiguen las palabras,
cada noche,
cada instante,
por decir,
cuando respiro.
En el fondo del silencio, en la alborada
En el soplo deforme de mi alma
me persiguen gaviotas sin destino
En mi boca amarga,
donde el sueño
y la mar juegan conmigo.
EL ANGEL MANIACO
1
Ruegan mi clemencia
―¡alabado seas!―
Lloran el diezmo
―limosna de sangre vil―
No me bastan látigos
ni tus llagas de procesión
―tu llanto de perro rabioso―
Bostezo tu agonía:
Cuántos siglos de ignorancia
Cuántas puertas celestiales clausuradas
Qué varón te dio la llave
¡Vaya tu fe!
¡Vaya tu fe!
2
Hay un lugar donde no hay mar
el tiempo es una excusa
los niños son canosos
tu dios es prisionero
lo nombran Paraíso
3
Ni Bien ni Mal
La ceguera creó las Abstracciones
Lo Astral es la retórica de los Sabios
siempre empalados por su arrogancia
y si bien todos somos dioses
a quién adorar
por quién matar
en quién no creer…
en aquello que no ves
en esto que te asfixia
mi lugar irreal
de árboles eternos
de serpientes de ironía
de voces en el olvido
―alma irae―
―alma irae―
4
Mi mandato:
Serás guardián en Edén
la espada de lo Eterno en el umbral,
tantos siglos,
tantas ilusiones y esperanzas
todo para que Dios hiciera de este Jardín
sólo una idea
de intolerancia y resignación
Nada sostiene la piedra en la casa
lucero congelado
desnudo en el mar
La luz se atarda en la pared ruinosa
todo en su pecho
es polvo sepultado
la noche fabricó éxtasis
órbitas de fuego
enanas blancas
con que los olvidados disfrazaron
su desnudez astrológica
El tranvía del deseo
Las ausencias dejan vacios
la muerte un estanque en los oceanos
procrear solo deja hijos
el sexo solo es placer
ama sin dolor cuando la palabra se turbe
y cuando en los aposentos negros
todo sea un espacio para sexuar.
yo que he cubierto de espejos el cuarto
entreabrire tus piernas y te hare el amor bella dama
sin embargo no sentire lastima cuando derrames sangre
y entre los mareos tu exales dolor.


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