

Porque el mar constantemente me acosa con tu distancia,
nublando mi vista con esperanza espesa de tu boca,
donde deje anclada mi despedida
con la tibia ansiedad pariendo llantos,
descifrando soledades advertidas
con las manos privadas de tu fuego,
con la lengua en carbón para matarte
cual fantasma que tiñe tus días
para enseñárte a ceñirme a tu cuerpo,
fantasía que hurga a tientas
tu desandada alegría,
que convive con la mia
cual si fuese mar abierto.

A Leopoldo Ma. Panero.
Mira tras la puerta para no encontrarte
Han de saber que sales por las noches
a cazar fantasmas
que te ahogas de humo y tristeza encolerizada
hallando tu divina providencia
bajo los golpes secos de una máquina de zurcir palabras
Han de saber que existes para despreciarte
las cuatro caras sumergidas en la vergüenza
te hablan quedamente al oído
algo en ti vivifica tu rastro a tabaco
bajo el camino de piedras y pilas de carne
hablas como descifrando la noche
convocas al cuerpo abandonado de una virgen sin reposo
— el laboratorio de tus dudas
ha dejado de exponer desacuerdos
y sólo se viste de palabras contrariadas
entonces en la cárcel la cama es tuya
en el manicomio peores guerreros derribaron tu locura
en el abandono tu muerte acabó por despreciarte
aún así reías bailoteando con las manos
pisoteando la tumba de tu engaño
y el corazón fijo sobre el pecho
en contra del mundo
la locura ya no fue en retroceso
porque tu delirio ganó la partida más profana.
Hay oleajes invisibles que amarran la soledad por todas partes, como la caminata diurna de las hormigas barriendo sueños en la montaña, hilvanando con ausencia, el extravío de una boca de tierra, en los barcos de papel arrojados en la sabana rocosa y nítida como es el agua. Y entonces, pienso en la vida de los pájaros, en el cauce y el cielo de sus ojos tremendamente devastados. Cómo será el aire y su indulgencia, esa pálida figura surcando valles acaecidos. La derrota acechando tu paladar de niña buena, tus amores derruidos como el asombro de tu desnudez frente al espejo.
Qué te parece si me atrevo a creer que tu boca sabe mejor si fuese tuya, y tu mano remendada en cada árbol, el reflejo hereditario de tu comportamiento. Qué te parece si esta moral del desastre cayese siempre en una boca sembrada de abono por las manos de un hombre que no es para sí, sino de ausencia, la libertad de ausencia, la libertad en una hoja de ausencia, la libertad en una hoja escrita de ausencia.
De tu boca sabe mejor, sin soledad o espejos fluidos, ni siquiera rotos de apuntes cualesquiera, sin descenso y encanto, ataviados casi siempre de luces verdosas que señalan una avenida sin retorno, anunciando el final de esta espera, como quien regresa a una casa, que hace años, fue nuestra.
A la mujer de ausencia.
Es el cuerpo en el fondo de tu nombre, el que sale a relucir su vestido florecido en las mañanas. Mi encuentro es el lado de tu cara que no observa el solsticio, la envergadura de perpendiculares rayos atravesados a tu cintura, como una víbora, ahogando su presa amurallada. Mi encuentro, es tu cuerpo de escarlata sacudiendo tu pirámide cuadrada, flagelando tu cansancio.
Mis ojos no ven más el silencio; un ruido desértico subió por la azotea, hacia el paredón de tu saliva, a vigilar tu boca de astillas, tu boca de espadas, tu boca de cemento. Es por eso: tu cuerpo en el fondo de tu nombre es luz cansada de una ciudad perdida. En vano, mi caminata acecha tu fulgor derrumbado, si eres como milagro y escombro en otro cuerpo aprisionado.
Quién soy
sino arrecife a ras de agua
esqueleto provinciano de perlas y capitanes marítimos
Mi columna es el fondo de una superficie riesgosa
donde la profundidad cubre estelas de animales
que encuentran su refugio
O acaso cordillera alargada al fondo del océano
suelo submarino
tocando la marejada inconfundible del olvido
-seres orgásmicos
constructores de una selva aguamarina-
Soy barco en altamar
caminata nostálgica en edad de velas y canoas
barco vikingo anclado a las orillas de una costa estéril
flecha de cuatro picos apuntando al horizonte muerto
Soy tallo mortecino diminuto
Astro que ha de ceder
a la distancia
al acecho
y al abandono de los siglos
A Bernavé Olivares
Tanta extravagancia de sentirme viva,
resucita tu boca; cáliz vibrante que desborda el centro
de tu despedida,
porque hoy quisiera
agudizar la noche,
con palabras tercas.
Ser tan necia como lo permitas,
y escurrir la hiel entre mis dedos.
Señalar tu latitud con amenazas de puertas abiertas,
taxis no tomados,
rutas extraviadas,
ganas en derrota
actitud divina de saberme diosa, llorosa, consciente
de lo inesperado.
En los hospicios del mundo el fúnebre santuario del atma
Ama hasta hundirse en su ocaso
Sacrifica la razón detrás de las estrellas,
Desaparece para dar cauce a los sutiles
y diversos movimientos del caos
Mira anquilosamente y llena de embriaguez redime el cuerpo
Enaltece el abrumador silencio del éxtasis
y muere al cesar el vuelo de la mariposa.
El extraño enloquecimiento traza,
irrumpe y deforma la taxonómica metamorfosis del silencio,
se echa a rodar velozmente como la luna asfaltada y mojada
Las metáforas cósmicas se vuelven la cruel exigencia de lo real
y se pierden así mismas en la niebla,
allá en el fondo turquí de la cuesta sombría.
En los hospicios del mundo duermen las blancas azucenas, los nardos y las almas
Ocultan el amargo dolor matando la ilusión del final inmediato
A Sllenii Sánchez Gabriel
si parece que sus labios quisiesen salirse de la jaula
asirse de las ramas diminutas de los charcos
o enclaustrarse profundamente sobre el río donde los bueyes beben agua
si parece que su alma forzada a derramarse
intentara enmudecerse saltando una y otra vez
sobre pronombres sin dedicatoria
alojados en los rastros de la historia
a sabiendas de la oscuridad cotidiana y destrozada
parece su cuerpo grito socavado a media brizna
oráculo sagrado
diminúta dicha
placer de las manos hecho trizas
o peor aún
cuerpo de mujer sobre un río sin cauce.
quiero dejar constancia .ya lo he dicho
si parece que el designio arrojado al sustantivo
invitara a revelar nuestro futuro
la cabalgadura errante
la antorcha y el veneno sobre aguas turbias de la infancia
porque cierto
uno se hace de la infancia
a vuelta de rueda
favorable o no qué mas queda
así cuando los labios por fin salen de su jaula
a distanciarse de minutos heridos y abiertos y cobardes.
Sugerencias
Cómo me agradaría sugerirte una que otra estupidez,
decirte: ¡mira el cielo!, vé mis manos,
regresemos a aquel cuarto otra vez.
Pero como no puedes…
Las cosas se preguntan una vez,
una sola,
y en el rechazo el infierno es para dos,
y como he podido escapar de aquellas llamas,
así como me obligaste a retroceder,
el invierno será para ti solo,
el fuego un disturbio congelado,
que hará frío en tus venas,
escarcha en tus manos,
y yo, en el purgatorio desde lejos te diré:
como me agradaría sugerirte una que otra estupidez.
El viaje en bicicleta
Porque hoy soy y permanezco
jugando a que en un momento seré
y porque al corazón le da por largarse en bicicleta
y suponer que alguien lo espera.
El mundo de sus suposiciones es tan cercano
que abarca sólo tres neuronas por segundo
… y así las va matando.
Una neurona dice:
seguramente está pensando en mí,
y las otras dos desaparecen,
porque saben que sólo harán daño.
Y entonces el corazón regresa a pie,
porque la ferocidad del caballo,
lo haría volver inevitablemente.
Regresa a mí cansado por el viaje,
sapiente de su derrota,
consciente de que no soy de la que da consuelo,
tampoco la que en vano se reprocha.
Porque fui yo misma la que sugirió
que no habría desgracia.
