La amarga arena se huella bajo el paso de tu peso dulce
suicidas olas lamen la íntima sal de tu epidermis
esplende, más allá, la espalda oleaginosa del cetáceo
que bebe y estornuda mar
se apajara el viento sobre tu pelo de laborioso nido
y un ángel acribilla tu nombre en la tarde de horizontal zafiro
la mar bajo verduzcos y azules olanes, es/conde un niño sirena
la mar estrella como tú
y tú como la mar guardas edades de perfume antiguo
en tu estuche de humedad prehistórica
tu sexo es gota de mar en lengua trémula de pájaro
abanicas el aire al descorrer una sonrrisa
como si fueses un arco-iris de celestial violín
tu cadera-anguila danza electrizada
y tus pómulos picoteados por rojas águilas
tu pecho bifurcado semeja nubes cargadas de calostro
vas a llover sed
vas a amonedar el ansia de los hombres con tu fuego simétrico
vas a incendiar un bosque de saudade
con tus pequeñas manos de petardo
vasta ya de aliviar el llanto con ungüentos de sol
vasta ya de asesinar instantes en escaleras de eléctrica monotonía
en breves hecatombes
en tiendas departamentales
vasta de vomitar entre zapatos de ciempiés.
La amarga arena se hunde
bajo el sordo peso de una carcasa de cangrejo
es difícil explicar que no era tu pie
el mar repite con su lenguaje de olas el eco de la palabra luna
pero la luna no es una palabra
es silencio comprimido
es llamarada redonda
es la primera mujer de Adán
Lilith suspensa!
por eso los hombres aman el ego ensortijado de las rubias
es difícil explicar que no te he visto
que no existes
mientras alguien te promete las manos
bajo un árbol ceniciento de Estocolmo
y un ciego te mira besar con el ojo robado de la tarde
a dónde vas?
no te he dicho vete
no te he dicho tarde
no te he dicho río
no te he dicho diáspora
aligera tu carga
y quédate a mover el viento un poco más
a ser, ¡ay puta!, la mujer de este fantasma.