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Jenny Levine Goldner

Jueves, 2 de diciembre de 2010 Dejar un comentario Ir a comentarios

(México, D.F; 1987).

(México, D.F; 1987). Psicóloga en formación, poeta, ensayista y guitarrista por afición.  Participó en los talleres de Raúl Renán y José Cedeño. Ha sido tres veces miembro del jurado del Certamen Literario del Centro Deportivo Israelita (Cdi). Estudia la carrera de Psicología en la Universidad Iberoamericana (Ui), así como Psicoanálisis y Filosofía de manera independiente. Fue coantologadora del libro Palabras en Poesía. Diccionario poético por cincuenta poetas mexicanos (Siglo XXI Editores, 2008). Actualmente trabaja para la publicación de su primer poemario denominado Pequeña muerte.

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Preámbulo

La poesía es seducción. Seducción que busca los ojos de los otros; que las miradas rueden atraídas por las palabras. Una seducción de palabras, donde las letras son sus mismos agujeros.
En la poesía de Jenny Levine, el amor, visto desde todos sus vértices, es el eje central del tiempo: la ventana queda al viento donde entra en su terrible insomnio. Un trasluz de miradas y el deseo de seguir en cuerpo, se vuelve insoportable. El amor, autor del insomnio, se desprende del miedo y sus variantes: No es la posibilidad la que debilita al cuerpo, es el asilamiento de la continuidad de inventarnos.
Para Jenny, el tiempo es la medida del cuerpo separado de todo origen cronológico y obedece a la verdad que se encuentra atrapada en las fantasías; la verdad que se busca con vehemencia y desesperado anhelo; para que, quizás un día sea develada o desechada.

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Poemas

CURA

Es esa cosa lo que somos,
lo que no tiene nombre,
adentro, a veces perdido, el silencio,
sonidos que conmueven y agitan.

Es hora abalanzarse1 por el asedio de mi cuerpo,
contagiar la nostalgia y transformarlo2.
El padecimiento tiene una sustancia relativa
donde las palabras bordan y desbordan el consuelo,
surgen como lo-cura,
locura de todos, de otros, de dos.


SI YO HABLARA 

 A David Huerta

Si yo hablara se romperían los contagios,
si yo hablara, te diría,
te diría sobre el dorso de mi mano
y el roce de tu boca.
Si yo hablara, tan elocuente como puedo,
te diría que ahogándome sigo esperando
en la medida del cuerpo.
Si yo hablara, si pudiera decirte, explicarte,
cómo rehúso a la luz más sobria,
a las palabras más torpes,
a todos los derroches que prepara la tarde.

Escúchalo, búrlate de mí.
Pero si yo hablara, si pudiera decirte
en la orilla de tus manos,
si pudiera explicarte, tal vez,
en un rincón de este cuarto,
si pudiera,
no sé si te lo diría.


PÁGINA EN BLANCO

Es la melancolía la que tiene un nombre,
lo perverso se posa en el umbral
y queda ante aquel cielo desfallecido.

Dibujada en la espalda como una herida,
un alimento que protege,
calma mi llanto o lo (des)espera.

Mi luz manchada, una boca eterna (o idiomas separados),
desdobla lo pensable y desfallece el amor,
como sus propias manos y letras de todo debate.

Se trata de escribir aquello marchito
                                                          desdibujado.


CULPA

Mi maldad escondida tras una máscara negra,
tras mi huida, mi abandono,
construye paredes en mi ausencia.

La tinta cicatriza,
me desmemorio al sentir
la humedad
                        de tus ojos.

La soberanía de mi cuerpo,
de tiempo de hojas,
busca dejar las cenizas de tu rostro,
de tu cuerpo eterno.


JUEGO

Un juego
es la destrucción, el aniquilamiento,
siempre al borde,
manteniéndose en un equilibrio inestable.

El temblor es un retorcido margen que articula,
que va desde el efecto de la huella/
                        hasta un gesto siempre desdoblado.
El temor conmueve como un todo                                    
                                       hace temblar en su totalidad.

El juego – lugar de todos los secretos sin secreto,
de todas las criptas sin profundidad,
sin más fondo que el abismo –  
                       tal vez tan culpable y clandestino como un ladrón,
se torna luminoso al entrar.

Pone en jaque a las partidas del silencio
y a la cuenca en la palabra.

Notas:

1 Es hora de abalanzarse por el asedio de mi cuerpo

2 contagiar la nostalgia y transformarla

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