::Quiénes somos

Vozquemadura, revista electrónica de poesía alternativa, nace desde hace más de tres años, en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Su intención fue espontánea y significativa: reunir, lo mayormente posible, trabajos literarios de diversas latitudes, interesados por difundir su obra y recopilar también esfuerzos de nuestros colaboradores, para establecer un diálogo cómplice entre los lectores y generar un vínculo mutuo de compromiso, porque a veces escribir y leer, más que un trabajo, es una disponibilidad que se separa de lo cotidiano; una normalidad aguda que requiere esfuerzo y responsabilidad.
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La revista, en sus inicios, funcionó como un escaparate: su inmersión en el mundo virtual se debió por la inquietud de algunos autores de hacer públicas sus ideas, en cuanto al mundo literario refiere, posteriormente nuevas formas retomaron su concepto, y poco a poco se logró la hazaña de mentar con palabras, lo que no tiene palabras hechas para ser mentado, como la poesía, por ejemplo, que es un hacer y un crear sin excepción alguna.
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La revista, además de ser electrónica, es alternativa porque consideramos que su misma definición la respalda: cambiar la esencia o forma de un cuerpo sin que su función afecte a su contenido. Y electrónica porque la disponibilidad de la nueva era afectó considerablemente la forma de ver al mundo: Internet, es la más novedosa tecnología, la más visitada y la más requerida. Rainer María Rilke menciona algo al respecto en el libro Cartas a un joven poeta: “Las obras de arte, como la literatura, por ejemplo, son una soledad infinita, y nada es tan poco apropiado para abordarlas como la crítica, ya que sin ella el trato y la comprensión de su particular disposición sería un descalabro”. Crítica, en el sentido más objetivo posible. Internet abrió sus puertas desde hace más de una década y la crítica en cuanto a lo que se publica en él, siempre ha estado vigente.
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Vozquemadura, hasta el momento ha funcionado como lo que se pretendió desde el comienzo, primero: honorar el nombre de Xavier Villaurrutia, el creador de una carga eléctrica como la muerte: la pequeña diosa. Y segundo: representar en nuestro idioma las artes (entre ella la literatura) como algo admirable, desmesurado y vertiginoso.