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Sábado, 18 de diciembre de 2010

Vozquemadura, revista electrónica de poesía alternativa.

Vozquemadura, revista electrónica de poesía alternativa, nace desde hace más de tres años, en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Su intención fue espontánea y significativa: reunir, lo mayormente posible, trabajos literarios de diversas latitudes, interesados por difundir su obra y recopilar también esfuerzos de nuestros colaboradores, para establecer un diálogo cómplice entre los lectores y generar un vínculo mutuo de compromiso, porque a veces escribir y leer, más que un trabajo, es una disponibilidad que se separa de lo cotidiano; una normalidad aguda que requiere esfuerzo y responsabilidad.
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La revista, en sus inicios, funcionó como un escaparate: su inmersión en el mundo virtual se debió por la inquietud de algunos autores de hacer públicas sus ideas, en cuanto al mundo literario refiere, posteriormente nuevas formas retomaron su concepto, y poco a poco se logró la hazaña de mentar con palabras, lo que no tiene palabras hechas para ser mentado, como la poesía, por ejemplo, que es un hacer y un crear sin excepción alguna.
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La revista, además de ser electrónica, es alternativa porque consideramos que su misma definición la respalda: cambiar la esencia o forma de un cuerpo sin que su función afecte a su contenido. Y electrónica porque la disponibilidad de la nueva era afectó considerablemente la forma de ver al mundo: Internet, es la más novedosa tecnología, la más visitada y la más requerida. Rainer María Rilke menciona algo al respecto en el libro Cartas a un joven poeta: “Las obras de arte, como la literatura, por ejemplo, son una soledad infinita, y nada es tan poco apropiado para abordarlas como la crítica, ya que sin ella el trato y la comprensión de su particular disposición sería un descalabro”. Crítica, en el sentido más objetivo posible. Internet abrió sus puertas desde hace más de una década y la crítica en cuanto a lo que se publica en él, siempre ha estado vigente.
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Vozquemadura, hasta el momento ha funcionado como lo que se pretendió desde el comienzo, primero: honorar el nombre de Xavier Villaurrutia, el creador de una carga eléctrica como la muerte: la pequeña diosa. Y segundo: representar en nuestro idioma las artes (entre ella la literatura) como algo admirable, desmesurado y vertiginoso.

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