Hilda Bautista
Hilda Bautista (México, D. F., 1956) participó en el Festival Internacional de Poesía de Morelia, en 1981. Al año siguiente fue becaria del INBA. Ha publicado la plaquette Sueños inventados (Universidad Veracruzana, Ediciones Papel de Envolver, Luna Hiena, 1983) También formó parte del consejo editorial de El Tucán de Virginia.
En A través del cristal, Hilda Bautista muestra una coherencia expresiva que se cristaliza principalmente en el soneto. Sin embargo, a veces esta cualidad, al complementarse con la acertada construcción de imágenes y versos, contrasta con el uso de un lenguaje menos sugerente, en el cual la adjetivación y las personificaciones de objetos y animales no resultan tan eficaces.
Poemas
Mientras el mar lamía el rastro fresco
de tus pasos y el sol en su caída
ahuyentaba cualquier mirada extraña,
yo fui como una niña silenciosa
que sólo ve y con su mirada dice
nacientes pensamientos de mujer.
Permanecí callada y cristalina
ocultando en mi barca cada gesto,
cada filo de viento con tu olor
porque ya presentía tu final,
el ocaso invencible de la carne.
Dicen que en las figuras de la arena
Un corazón enamorado lee
la soledad que llega con la muerte.
Alguna vez, cariño, cuando llega la noche
Y yo estoy recostada en el cuarto contiguo,
cuando la luz de la luna parece que bebiera
aquella oscuridad azul de las estrellas;
alguna vez, cariño, he mirado tu cuerpo
atravesar la estancia y jugar con las sombras
que parecen asirse a la carne desnuda;
también de esa manera he sentido adorarte.
En silencio he mirado tus movimientos blancos
y has llenado la noche de un sentido completo.
He imaginado entonces, que hay música en tus pasos.
Alguna vez cariño, y por estas razones,
hazme el amor bailando a la luz de la luna.
Casi todo se ira, tendrá su fin.
Vas dejando las flores amarillas
de otoño efímero, hojas quebradizas.
Caoba clara, casi transparente,
cambia tu piel con el paso del tiempo.
Se alejarán los movimientos suaves,
formas ligeras, trazos circulares
bajos tus ropas encendiendo el sol.
Pero ya conociste aquella vida
que no muestra sus pasos con abismos
ni conjuga la magia con la carne.
Dentro de tu cabeza, algo infinito,
las olas con el ciclo de la luna:
Es tu materia y tú la esculpirás.
A Verónica Hernández.
El cielo,
con pantalón negro satinado,
turbante de blanca luna
y el pecho cubierto
de lunares resplandecientes,
entró sigiloso por mi ventana
a seducirme en el sueño.
Dijo a mi oído,
con suaves filamentos de colores,
“el amor convierte en espuma las horas”.
Aturdida, me dejé llevar en sus brazos
para que mi cuerpo sintiera
la fuerza de la pasión.
Con resistencia imaginaria le mostré mi cuerpo
y juntos luchamos
hasta que el cansancio nos mudó las ropas;
y yo desperté
y él quedó todo vestido de azul.
Bautista, H. (1990). Poesía y teatro de Letras Nuevas. México, D. F. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

En general me gustan los textos de la poeta Hilda Bautista. Los sonetos en verso blanco (“I” y “Lo que permanece”) están muy bien ejecutados; incluso, la autora juega con ciertas rimas interiores en el poema “I”, por ejemplo “lamía-caía”, “niña-cristalina”, “gesto-viento” y “arena-llega”. Tal vez este sea el poema que más me conmueve,sin que los otros desmerezcan. La virtud del poema “II” está en la conformación de imágenes muy plásticas dadas, además, en la oscuridad, lo cual a veces es difícil; aquí un par de ejemplos: “…alguna vez, cariño, he mirado tu cuerpo/ atravesar la estancia y jugar con las sombras…”, y luego dice: “En silencio he mirado tus movimientos blancos…”. Vale decir que este verso de 14 sílabas y rima interior correcta le da más fuerza a los versos anteriores que cité en tanto que volvemos a ellos y nos percatamos de que ese cuerpo es de piel blanca y se convierte en una sombra inversa; creo que el último verso pudo trabajarlo un poco más. El poema titulado “Lo que permanece”, además de que el nombre le hace un guiño a Quevedo (“lo fugitivo permanece”) empieza con tremendos versos: “Casi todo se irá, tendrá su fin/ vas dejando las flores amarillas…”, y digo trmendo porque tan sólo el primer verso asimila tres acentos agudos, pero en el segundo se suaviza el sonido, mas no el significado; al final sabemos que casi nada se irá, y con refuerza su breve homenaje a Quevedo. El poema “IV” es muy bueno de principio a fin; el verso que más gusta es este: “el amor convierte en espuma las horas”; por sí mismo es ya un poema o, como decimos ahora, una microficción. Felicito a la poeta. Voy a buscar su poemario “A través del cristal” para ver si es correcto lo que dice el segundo párrafo de la introducción que viene arriba de los 4 poemas de Hida Bautista.
Guillermo Samperio
hola!!!
me encantaron!!!!
solo tengo una duda, discullpen mi ignoranciia….
d casualidad hilda bautista no tiene un libro publicado con el nombre “descubreme”?
me encantaron los ke estan aki en la pg….