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Estación Paranoia

Domingo, 9 de Agosto de 2009 Dejar un comentario Ir a comentarios

¿Puede usted salvar su alma? Así se titulaba el libro de lecturas  de mujer, en movimientos extraños y sentada frente a mí. Mirar por la ventana, y el tren se va, divisar al hombre y su teléfono, la voz anunciando su estación, gentío que no se pierde de vista y no se ve con disimulo, todo parece curioso e intrigante, cualquier inclinación es decisoria, contemplaciones fijas, en multihorizontes imaginarios, el día me parece gris y verde musgo, muchos bajaron en la anti estación, sigue su avance entre prados y casas estáticas, desplomadas en suspiros, sigue avanzando entre reclamos, palabras, pensamientos, voces ajenas, y las casas palacios de cartón, entre el reflejo de la ventana y los rieles de mármol.

Alguien miró su reloj desvanecerse, solo vi los rastros de segundos agonizando en el piso, la calma y el silencio los trasladó a otro mundo, anaranjado, acido, completo de tentativas y habilidades sin vacaciones.

Autos rojos por renovar en un ir venir de consonancias y ojos cerrados en la luz, ojos bien abiertos en las sombras, vuela,  se eleva, el tren entre ríos y piedras silenciosas adornadas de pisadas mal traídas, nadie dijo nada, sólo se miraron aseverando lugares en un ir constante y desafiante, el silencio implacable asomó su inalterable estación. !Momento! ¿Alguien habló? O son voces nieve que vegetan en mis oídos, o es la música que me persigue en mi incansable discutir. Sonsonetes entre los arboles, ellos me manifiestan desde mi ventana, Silencio!! ¿Alguien grita? Lo sentí entre las tantas miradas, alguien más grita junto a mí y mi afonía, solo grita, no es tu estación, y yo grito no es este mi paraíso. Sin preocupación  aquí los sauces lloriquean mientras el tren apura su desplazar, ¿tienes un plan? ¿Donde ir? y  las voces me enmudecieron, quise bajar, ¿lo viste?, vi lo que no soñaban en sus perspectivas bien obstruidas, vi lo que viven en sus carteras bien sujetas, quien es el que grita en mi cruz. Afanado tiempo pasa si destellos, me han susurrado mi estación, no apareció, me duele, mis oídos se trisan, y el susurro no se hace claro, no apareció más.

La estación del sol se parece más a la luna, ilumina huesos y caretas que buscan resguardos a la suerte, dejé entrar las voces en mi cruz, levantándome buscando mi salida, puertas eternas transitando en contra de mi dirección, jugando a descolocarme y distraerme, no se cual elegir, ¿cual eliges tu?, ya no, encontré la salida, miradas me penetran, me ultrajan, embarazo de sensaciones, las voces se enredan entre la multitud, el ruido del tren se hace casi inconfundible, recuerdo algo extraño, mi estomago se comprime mis piernas se escurren, el libro salvación de mujer  en movimientos se parte en mil ante mi, y veo su redención hecha pedazos, y veo su perfil desfigurarse frente a la ventana, veo su pelo color miel ser cenizas, y veo a las personas riendo mientras llora, no voy angustiar, prometo, no me dejen voces, mías, si mías, no dejen mi cruz indefensa, no dejen de estremecer mis oídos cansados, de días grises verde musgo, entre estación y estación, ante abortos de embarazos perspicaces de contemplaciones, mal vistas y voces ajenas que se pierden entre los respiros, de ojos bien tupidos y manos bien prensadas, la señal anuncia mi estación, “Estación paranoia”, el viento y ciento de direcciones me apalean al salir, el tren ha partido, sin consecuencias aun, consigo su  momento.

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