Es Palabra
Avelino Gómez Guzmán. (Manzanillo, Colima; 1973). Estudió la carrera de Letras y periodismo en la Universidad de Colima y fue parte del taller literario Balbino Dávalos de la Secretaría de Cultura de su estado. Becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes (1996-97). Textos suyos están incluidos en la plaquette Pleamar que coeditaron la Secretaría de Cultura de Colima y el Ayuntamiento de Manzanillo. La presente selección ha sido realizada a partir de la lectura del libro El agua y la sal, mención honorífica del premio nacional de poesía “Elías Nandino” 1997.
En El agua y la sal, el autor colimense evoca a la mar como madre engendradora, dueña de tormentas, símbolo de la regeneración y constante bautizo de quien contempla la violencia de sus aguas.
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Testimonio del forastero
Yo que nunca conocí el lenguaje
de las naves del mar.
Yo que no leí lo que estaba escrito
en las hélices de los buques de carga
o en las cubiertas de los grandes transbordadores.
Yo que apenas viví el infantil temor
de un naufragio
cuando en mi imaginación
se hacía a la mar
un bote de cartón.
Yo que no soy siquiera
una mínima parte del muelle
que se cimbra en cada desembarco
también estoy aquí
……………………….resistiendo la tempestad.
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Testimonio del guardián del muelle
Yo sé que a los amigos
se los traga el mar.
He visto los cardúmenes de mantarrayas
recorrer las caletas de la bahía
como reconociendo una habitación abandonada.
Conozco de memoria el escándalo de las gaviotas
que llegan con los bancos de sardinas.
Sé del asombro de los bañistas
cuando una mancha de malaguas
llega a invadir la playa.
Mas no
yo no recuerdo haber visto entre ellos a Santiago
—tierno amigo de mi casa
hijo único
y pescador por lo demás.
Después del borrascal
encontramos su bote
entre los peñascos.
No vi a Santiago regresar.
Yo sé que a los amigos
se los traga el mar.
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Mensaje para tirar al mar en una botella
Tú no regresarás como cualquier extraño.
Este mar que te despidió con niños ahogados
siempre reconocerá tu nombre.
Cada ola tiene memoria de quienes
nos dejaron su distancia
y de las mujeres que hicieron del amor
su despedida más hiriente.
Aquí se guardan el adiós y los lamentos.
Tú que eres mi mejor aliado
en aquellos lugares
que tal vez ya no vea nunca
dime:
¿Allá no se sufre de silencios
cuando la nostalgia nos cierra los ojos?
¿También se extraña a la mujer que nunca fue nuestra?
¿Se le invoca en los momentos de ebriedad y de infortunios?
Eh compañero de naufragio
yo te digo mi promesa:
Tú no serás como aquel que regresó
y lo acusaron de ser extraño.
Eh amigo de lejos
un día alguien irá a decirte
que soy el hijo adoptivo que no conoces
y tras la lluvia saldrás a la calle
para ensuciar tus zapatos
en protesta por las lejanías.
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Caracol
para Juan Pablo Gómez
Junto a mi oído
el mar ensaya una canción verde
…………………………………………y azul oscura.
Es una sonata fresca
en la luz del mediodía.
Ven a sentarte a la arena y toma el caracol.
Dentro hay un laberinto
que el mar nunca ha deshabitado.
Escucha en él la voz de cada ola
cuando pule los guijarros de alabastro.
Ahora míralo
aquí está la flor oculta de las vírgenes
y el molde de la entrepierna de Eva.
Cuando acaricies la almendra rosa
en los labios del caracol
recordarás el perfume
de la mujer que será tuya.
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Intermedio para relatar infancias
*
Aquí tienes
para los juegos
que no jugaste de niño
un puñado de pólvora y otro de carburo.
*
En el principio sólo teníamos la infancia
y era grande ser el más pequeño.
Crece despacio hijo mío —nos decían—
sabiendo de la ira y del desprecio
que viene con las edades.
Ah yo era tan mínimo y sencillo.
La ternura estaba a mi medida
y la sonrisa se entendía con el llanto.
Quién —padres, hermanos míos—
quién saber por qué el delirio hizo su nido
en la isla de mi infancia.
¿Desde qué generación viene este castigo
de crecer tan violentamente agril?
*
Qué será de nosotros
es decir
de mí
cuando por las calles
pase ululando el monstruo
al que dimos vida en la niñez.
En qué oquedad maternal
habré de guarecerme.
Quién ofrecerá una hogaza de pan
para mitigar el desamparo.
Quién —pregunto a ustedes—
depositará en nuestras manos
la fortuna del domingo.
Ah Niña de la Soledad
intercede por nosotros
los hombres de ocho años.
*
Ya no quiero llegar a casa
y tropezar con juguetes de madera.
No.
No quiero.
Otro día hablaré
de mi gran condición de hombre pequeño.
*
Me he desterrado de todo posible cuerpo.
No estoy en mí ni en nadie. Lo sé bien.
Otros
no yo
saben de la tristeza que nació conmigo
y del miedo sencillo
que crece entre mis llagas.
Me recuerdo en el huerto
donde una madre corta los frutos menos amargos
para los hijos que olvidaron volver a casa.
Me recuerdo en los ojos de mi hermano pequeño
cuando llora por mí
y por su infancia ligeramente cansada.
Estoy ausente
y el miedo me viene por gracia de aquellos
que hablan en pasado
y se sienten en el parque
a desgranar la vida.
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La puerta del burdel
Quién de ustedes
……………………….compañeros míos
no recuerda a aquella meretriz
que por las tardes salía al balcón
a mirar la caída de la tormenta.
Quién de ustedes
………………………….pregunto
no pasó una noche con ella.
El aire que nacía de sus huesos
arrasaba de golpe
la lujuria de nuestro encierro.
Hablo de Ella
la que partió una mañana
y dejó correr la sangre
que no descansará más
en las toallas femeninas.
Hablo de ella
—nuestra maestra y concubina—
y pido que hoy
por esta noche
silenciosas se cierren
las puertas de todos los burdeles.
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GÓMEZ Guzmán, Avelino. El agua y la sal, Conaculta-FETA, 1998. 84 p.
Archivo: Es Palabra
- Joaquín Vázques Aguilar – Casa
- Jorge Fernández Granados – Los hábitos de la ceniza
- Eduardo Langagne – Tabacalera
- Julio Cortázar – Entrevista
- Hilda Bautista – [Fragmentos]
- Gilberto Meza – [Fragmentos]
- Jaime Reyes – [Fragmentos] Oración del Ogro
- Estos ojos que maullan debajo de la cama – [Fragmentos]
- Notas sobre el poema Blanco de Octavio Paz.
