El día
Es un llanto de cenizas estériles
y consumares de aullidos en vano,
es sólo la palabra la que hace
que de pronto no se vea nada.
Las manos temblorosas, la piel fría, desnuda,
la voz ronca y los labios torcidos.
El momento, este momento, pétreo, apasionado,
vacío en melancolía y su pasmo de dolor ínfimo,
su desdeña y la deseante búsqueda del día siguiente,
devoran la carne, la luz y dan sentido al silencio.
Escucha, tiene un eco en los cuerpos,
el licor que derrama la tensión
y la cera que quema, pero ya no duele.
Aquel silencio es inmortal como su propia pasión,
cómo pasan sin sospecha alguna
y el intangible para qué, cuándo, por qué y dónde
no tienen lugar en su sombra.
Sólo el sustento, tiene la más difícil vocación,
cuando su pronombre y su silencio sobrevivan
será el día en que mi para qué, mi cuándo, mi por qué y mi dónde,
caigan bajo mi lengua y el tiempo robado,
será el día en que yo muera,
el día
en que yo haya amado.
