[el desorden de los días: versus desencanto tardío]
Nada fuimos.
Te creí puta, diosa.
Luego de todo no supe con qué idiomas
asir tu manifestación.
Tú tejiste sueños y espejismos
hasta otorgarme cualidades confusas
y saberme hombre triste de gris sombra.
Corazón herido que quitó sus espinas de tus sueños.
Después, por separado, nos mudados
a pocilgas húmedas de ausencia.
Solo sé que amarillentas y carcomidas sonrisas,
cuando abramos palmo a palmo los álbumes,
hemos de llevar entre las manos
como ulterior borrasca
anunciando la caída del desencanto.
