Día Y o domingo por la noche en un año cualquiera.
Antes de que el mundo se acostara para dormir,
-desde mi cama, sin pijama, atento y valiente como pude serlo-
escuché que alguien se asomó a tu sepultura
a decirte despacio, muy despacio en el oído:
Caballo de piedra, caballo de alcohol,
caballo mohoso, caballo animal,
después de esta mañana,
me habría gustado verte saltar
como una rata temerosa.
Entonces habrías aprendido
la diferencia entre predadores y asesinos.
