Salí a caminar, tal vez te encontraría ataviada sin idiomas. Salí exiliado por la soledad, a transitar el recorrido de tu nombre helado sobre viejas barcas y arbotantes en celo. (El frío entrando puntual a mis manos. Tu cabeza tiene oculto el mar, mi eco tendiendo escaleras al poniente.) Salí a encontrarte, tal vez confundiste las palabras, al mar le nombraste Enero, a tu olvido, el giro inesperado de los días y a la distancia…
Libertada el ave de la oscuridad, qué eres? Hiedra volcánica. Corazón reptando ciclos. El sueño de medusa, las primitivas sirenas destrozando huesos. Qué que no tenga la neblina, la sombra de la Ceiba: tus raíces de mujer, el espejo sollozando para los ojos de Papá. La vieja época y el polvo tallado sobre el firmamento. Ese aluvión de roquedales a la altura del aire; mañana, nadie sabe si reverdecerá la habitación de siglo con rosetas. Mañana firmaré la nueva ley de saltarnos la edad 34. Saldré a pintar mi hueco a la fachada de algún lejano manicomio.
