Dentro y fuera
Se abren las heridas viendo hacía el sol
la cabeza es espuma que se diluye como la dulzura de un dátil
se encarcela la sabiduría con el apresurado caminar de las manecillas
igual a la nube indecisa que no se atreve a soltar la primera gota
a veces por culpa del viento
a veces por la egolatría de verse para los mortales
divina en el resplandor de luz.
¡Pobre de mí!
Soy lo que puedo escribir
una palabra que muere de inanición
una ostentosa escultura en forma de nada.
Cuando las palabras se reflejan en su espejo: se inhiben
pues piensan que son ellas
creen en el enemigo, en la ubicuidad de su poder
con dagas defienden su vida
mas no se dan cuenta de los históricos símbolos equívocos
de los destinatarios falsos
de los náufragos atrapados en las redes de Dionisio.
Y a pesar de la falsedad de aquellas palabras
siempre levanto la hoja hacía el futuro.
Voltear hacía atrás petrifica la imaginación
la quema, tornándola en gotas de sal
la decapita o la manda a la hoguera.
Pasan ante mis ojos caminando las mentiras: tristes con cara de alegría.
Desnudas las palabras esperan ser descubiertas
nunca pierden el control
aunque la hoja de árbol que las divide
sea perpetua.
