viii
yo no sé qué hacer cuando la noche calla
después de tanto horizonte confinado
la ventana escupe su primera pista
empieza a incitar su inamovilidad triste la fuga
perderse en la maraña informe de la vida
en otros cuerpos celestes
es el sueño latente de la carne
ella se levanta de la cama
se acerca a la ventana casi hecha humo y mar
y rememora su infancia
él le dice que vuelva
a donde quiera que vaya presenciará disminuir
ese carnaval de placeres que siempre encalla
en los huecos que la antropología no registra
son sólo dimensiones que gritan como la muerte
un montón de mineral derramado
sobre plataformas sucias
cadalsos que pulsan en las sábanas
mientras los espejos se endurecen
dejando costras de sequía entre la plegaria confusa
que germina entre sus miembros desolados
pero esas figuras al aire
despojadas de toda razón
ya no cantan
ya no ríen
exhaustas de tanto vicio
de no llegar a ninguna coordenada mágica
se han cerrado abruptamente
el movimiento sigiloso en sus masas casi aletargadas
es un mutismo cancerígeno que se quebranta entre los huesos
ellos reconocen que son leopardos sofocados
intentando atrapar la ternura [enérgica y decidida] de sus formas
entre la estepa blanca que ahora les recubre la mirada
y la amargura que transpira en la habitación
el precipicio de buscar y sólo hallar lo mismo
es todo lo que se visualiza a la distancia
la noche fabricó éxtasis
órbitas de fuego
enanas blancas
con que los olvidados disfrazaron
su desnudez astrológica
HE PENSADO en ti hasta más no poder
Recuerda alma mía aquél invierno taciturno
que juntó nuestras llamas
y paulatinamente nos volvimos atardecer y palabras
humo y recuerdo
Rendido ante tus pies
te doy mi espíritu encerrado en el cristal de luz espuma
que empuñan tus manos
CUANDO SE HACE humanamente el amor
se comprende que las deidades fueron maquinadas
para restringir la entrada a nuestra condición sublime
A LOS ESCARABAJOS les duele el corazón de tanto no amar
de tanto escudriñar en los recovecos olvidados por la muerte
hundiendo el rostro entre amasijos minerales
y amarguras calizas
A los cangrejos les duele la sombra de tanto llevarla por delante
de tanto presente en pasado
los amaneceres impasibles de las caracolas
el llanto estridente de sus propias huellas
la muerte inalterable y clara que guardan en sus habitaciones
las palabras al otro lado del cristal
la lluvia y su zoológico de tempestades
la arena que pisan
y la caída irremediable del silencio
inventando dimensiones subterráneas y planetas ondulantes
LA QUEMADURA soy yo
antiguo sedimento de gas
acompañado de viento y penumbra
inamovible ante el devenir solar
gusto habitar en la epidermis
y también en los vientres colgados del ramaje
La quemadura soy yo y no paro de arder
aunque la arena y el agua inútilmente digan
[en las cuatro esquinas de la infinitud]
que dominan cada resquicio curvo
de este alegre planeta que crepita ante mí




(2 Votos:3.5 de 5)