De eternas miradas se teje la noche,
y yo no he aprendido más que a deshilar tus ojos,
aguardiente la miel que se vierte en mis pupilas,
como rayo que desciende triste
para reafirmar el torrente de vida
que deambula entre tus venas.
Transitando amor, se entienden las distancias
y se cuentan cosas
que penando algún día sabremos
solos , con la tierra sola
que se cimbra y calla
abriendo su herida.
