[Oda al desasosiego para masturbaciones inconclusas]
Mil cuervos y uno sólo para picotear tu clítoris.
Prometea descarriada. Mujer mala del cancel desnudo.
Mesalina resurrecta, horda virginal de ninfas lésbicas.
Horda colorida de tardes e ínsulas costeras.
Cuántas palabras para amanecer entre tus sábanas.
Cuántos estúpidos poetas en tu lista de honorarios.
Qué verso se emancipó debajo de tu pubis, al final de la madrugada.
El fehaciente dolor de caries lleva a la locura, a tu cuerpo de penicilina
disponible para todas las usanzas.
Qué soledad dejaste en ese país andino: bajo escombros de sal
quisiera escuchar del sismo alguna noticia de tu cripta.
Cuéntame del eje de tu sexo y del planeta, que cambió de dirección;
mudaste tus penas a otras cartas solitarias;
acortaste tu pasión de una vez por todas y para siempre.
Qué trayectoria de polvo soñaste con bukowski,
por qué no su brazo siniestro.
Por qué no tu desazón de sombra hirsuta, futil.
Por qué no mi encarecido dialecto.
No me dueles, pero si te ardo.
No me silueta melancólica, pero sí, este canto
de árbol abandonado.
