Hay maldiciones que duran para siempre,
hay paz en toda celula de mi cuerpo,
hay acordes armónicos que pertenecen a mis sueños e imaginaciones;
hay un viejo edificio en ruinas,
una neurosis,
una mujer que domina y somete al hombre, siempre y cuando nasca bajo él.
Hay una ausencia tuya que pertenece a mi cuerpo,
hay una imagen de sexo suspendida entre el sillón y el techo de mi casa,
pequeños sedimentos de armagura en los barcos de cristal;
hay un arcaico trozo de madera que viaja entre las laderas,
hay una constelación dimuta de otro rostro,
hay una prolongación antigua del cristalizado sueño de escarcha;
un suicidio asfáltico en los brazos del sueño maya;
un astro encallado ocultando el sufrimiento futuro
hay un misterioso cielo traficado por hipérvolas estelares
hay un vértigo nocturno entrelazado con la lluvia,
hay horas donde nadie transita por esta calle,
una luz tenue tras la ventana donde no para de llover silencios,
hay unas y tantas noches en que yo he deseado ser uno mas de otros espejos
donde la humeda penumbra incendio el trafalgar de mis sueños.
El tranvía del deseo
Las ausencias dejan vacios
la muerte un estanque en los oceanos
procrear solo deja hijos
el sexo solo es placer
ama sin dolor cuando la palabra se turbe
y cuando en los aposentos negros
todo sea un espacio para sexuar.
yo que he cubierto de espejos el cuarto
entreabrire tus piernas y te hare el amor bella dama
sin embargo no sentire lastima cuando derrames sangre
y entre los mareos tu exales dolor.
al final de las historias, de las palabras, de estos versos sin rimas
he dedicado mi vida entera a quemar las auroras
las fotografias,
sin embargo no recuerdo haberme olvidado de ti… bella agonia
yo no quiero ser visto por el tiempo y por el espacio,
yo no quiero que la mar mecánica de los clarinetistas me golpee el alma con la sangre de los alacranes,
no quiero que las esculturas japonessas sean profanadas por las cantantes putas fornicadas;
sólo y unicamende deseo que la nubosidad marítima de la muerte porte besos color ocre para que los lirios sean metrónomos circenses.
Sería capaz de cualquier sacrificio
para librarme de este yo lamentable que en este instante mismo
ocupa en el Todo un lugar con el que ningún dios ha osado soñar.
Cioran Emil.
Hubo un lugar en la agonía /donde todo lo inolvidable
Era bien pagado,
Donde los suspiros por la lejana montaña
Saben a obsesión,
Hubo un lugar en ese pequeño riachuelo
Donde el amar y vivir formaban parte de una constelación
Un lugar donde las gotas de sangre
Se volvían diáfanas como el cristal
Hubo un lugar en el mar -donde tu alma se fundió con la mía.
¿Porque no decirlo? Si existe, un lugar donde las animas en pena
Viven una y otra vez sin descanso alguno
Hay un lugar en la tierra, donde los suspiros
Forman parte de una barrera de obsesiones de un hombre por una iracunda mujer.
Hubo un lugar en mi mente –donde pude ir de la mano del viento
Y acariciar la herida piramidal ya bebida.
Hubo un lugar, amada mía; pero se me olvido apenas ayer
Que existió un lugar en ti
Donde podía amarte con tanta vehemencia que volvería a morir.
El amor que me juraste querida “amiga”
hoy yace sobre los pilares de nuestra muerte
en el corazón del tártaro
en la lentitud y el crepusculo del momento eregido.
No voy a verte más… almendra de mis sueños.
Supongo que pondran estatuas de mi persona cuando sea olvidado,
cuando bese tu voca y las vivencias de tu heroina,
cuando pueda entender el inagotable verso quemante de tus auroras,
cuando los azules tirsos inmensos de la dulzura y el cariño de una musa se maticen con estados de histeria;
supongo que el albergue mas cercano es la constelación de los desfallecidos,
sin embargo es preciso decirles a quellos, que yo: estoy limpio de los pulmones pero lacerado del corazón,
me siento aplastado por el aire extranjero del tabaco, disipado por el opio o por cualquier otro alcohol, me siento frio y en busca del crepúsculo embalsamado.
Supongo, aunque nose que tan cierto sea suponer que: el alba moribunda y el anochecer trémulo de los viajeros son olvidados por el prado de los sonidos, por las enredaderas de muecas y sonrisas, por las unas y tantas noches en que la melancolía de soles crepusculares echo a volar al cisne y al cuervo para que estas suavizaran el sollozo vaivén del mar negro.
A:
Ca. El.
Se puede comprender la belleza de las palabras
Y la emoción de las mismas
Cuando el amor renace y se encarna en el odio.
Se puede desplegar una vasta carga de actos fallidos
unos senderos que me trasladen hacia el amargo recuerdo de la miseria
la desdicha, incertidumbre, el amor.
Se puede transitar por esos laberintos de hojas secas
que contagian de amargura.
Se puede entender al odio como la manifestación mas tangible
que el hombre creo y que la sociedad adopta como a una hija.
Se puede, sin embargo, tenias que ser tu
la que entre gritos y susurros devoro el ardor de mi sangre
y perfumo el semblante de la belleza muerta.
“El deja vu es la culpa de tus propios delirios…”
D. H.
Que fuerte dosis de demencia,
Que lenguaje y castigo me provoca:
Escribir, pintar, esculpir, componer todo esfuerzo amoroso.
Que acidez demoledora a causado tu pasión,
Que superioridad alcanzan tus mentiras,
Que momento de vertigo han realizado tus besos triviales;
que ciudadano de ninguna parte me siento en tu monopolis corporal.
Siendo tu lenguaje -poder y dominio
Que sobresaltos ontológicos estremecen esta purga emocional,
Esta catarsis….
Que sigo haciendo aquí,
Si soy un extranjero viviendo en mi propio cuerpo,
Un exiliado, un humanista que odia a los hombres
y que confio en la mujer, en la lucidez de lo alucinado.
El sarcófago.
A ella, que con un difuminante adiós me ha lacerado el corazón,
al clic, clic, clic,clic de todo suicida por un amor,
a mo cuishle, que me entregó su vida entera a cambio de una ansiedad que la hiciera llorar,
a la que tanto quiero y que no puedo olvidar;
a la del beso asesino que sigue abrazando a este cuerpo de ansiedad,
a una historia de amor que se colapsó en 29 días con dulsura, amor y pasión…
clic, clic, clic, clic, clic
A: J. G. R. H.
Que diluyó mi alma con un aroma a ciruelo blanco.



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