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Archivo para la categoría ‘Karen Rosentreter’

Valparaíso hoy

Miércoles, 23 de Diciembre de 2009 Sin comentarios


Valparaíso hoy; me huele a mierda y algo de nubes renacientes, me huele a su eterno azul celestino indeterminado, me huele a perro mojado y basura confusa, eterna basura multicolor, entre cosas sobresalientes, nunca distinguidas, asfixiadas bolsas van, como si tropezaran entre los techos de latas cansadas que conceden un inmortal sonreír a postales ingenuas que no confiesan lo vivido.

Valparaíso hoy; luz cálida te roba la oscuridad, te acaricia, no te cambio, mucho más no te cambio, imágenes de ti en cada partícula que llega a tu mar, colgando de aires, tu ropa recién lavada de ciudad aguerrida a puerto principal, a expresiones huecas, en rutas de barcos pasajeros que presencian las miradas de quienes tuvieron un momento feliz en ti.

Valparaíso hoy; gente de atuendo indefinido con olores a feria y días pasados a lo que se aguantó. Hablares peculiares resaltan aún más entre los gritos de estúpidas canciones que representan, que divierten, pero no identifican a los que son tus cerros retenidos, que reclaman, que lloran junto a atardeceres que se llevan sin reparos  lo que tanto quisieran contar, lo que tanto saben de aquí, estos cerros con olor a caca patrimonial y pobreza pintoresca, están en ti Valparaíso hoy;  incrustados estos cerros con los recuerdos trasandinos, que siguen abrazando desinteresadamente  a quien vino pagó y te vio…

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Estación Paranoia

Domingo, 9 de Agosto de 2009 Sin comentarios

¿Puede usted salvar su alma? Así se titulaba el libro de lecturas  de mujer, en movimientos extraños y sentada frente a mí. Mirar por la ventana, y el tren se va, divisar al hombre y su teléfono, la voz anunciando su estación, gentío que no se pierde de vista y no se ve con disimulo, todo parece curioso e intrigante, cualquier inclinación es decisoria, contemplaciones fijas, en multihorizontes imaginarios, el día me parece gris y verde musgo, muchos bajaron en la anti estación, sigue su avance entre prados y casas estáticas, desplomadas en suspiros, sigue avanzando entre reclamos, palabras, pensamientos, voces ajenas, y las casas palacios de cartón, entre el reflejo de la ventana y los rieles de mármol.

Alguien miró su reloj desvanecerse, solo vi los rastros de segundos agonizando en el piso, la calma y el silencio los trasladó a otro mundo, anaranjado, acido, completo de tentativas y habilidades sin vacaciones.

Autos rojos por renovar en un ir venir de consonancias y ojos cerrados en la luz, ojos bien abiertos en las sombras, vuela,  se eleva, el tren entre ríos y piedras silenciosas adornadas de pisadas mal traídas, nadie dijo nada, sólo se miraron aseverando lugares en un ir constante y desafiante, el silencio implacable asomó su inalterable estación. !Momento! ¿Alguien habló? O son voces nieve que vegetan en mis oídos, o es la música que me persigue en mi incansable discutir. Sonsonetes entre los arboles, ellos me manifiestan desde mi ventana, Silencio!! ¿Alguien grita? Lo sentí entre las tantas miradas, alguien más grita junto a mí y mi afonía, solo grita, no es tu estación, y yo grito no es este mi paraíso. Sin preocupación  aquí los sauces lloriquean mientras el tren apura su desplazar, ¿tienes un plan? ¿Donde ir? y  las voces me enmudecieron, quise bajar, ¿lo viste?, vi lo que no soñaban en sus perspectivas bien obstruidas, vi lo que viven en sus carteras bien sujetas, quien es el que grita en mi cruz. Afanado tiempo pasa si destellos, me han susurrado mi estación, no apareció, me duele, mis oídos se trisan, y el susurro no se hace claro, no apareció más.

La estación del sol se parece más a la luna, ilumina huesos y caretas que buscan resguardos a la suerte, dejé entrar las voces en mi cruz, levantándome buscando mi salida, puertas eternas transitando en contra de mi dirección, jugando a descolocarme y distraerme, no se cual elegir, ¿cual eliges tu?, ya no, encontré la salida, miradas me penetran, me ultrajan, embarazo de sensaciones, las voces se enredan entre la multitud, el ruido del tren se hace casi inconfundible, recuerdo algo extraño, mi estomago se comprime mis piernas se escurren, el libro salvación de mujer  en movimientos se parte en mil ante mi, y veo su redención hecha pedazos, y veo su perfil desfigurarse frente a la ventana, veo su pelo color miel ser cenizas, y veo a las personas riendo mientras llora, no voy angustiar, prometo, no me dejen voces, mías, si mías, no dejen mi cruz indefensa, no dejen de estremecer mis oídos cansados, de días grises verde musgo, entre estación y estación, ante abortos de embarazos perspicaces de contemplaciones, mal vistas y voces ajenas que se pierden entre los respiros, de ojos bien tupidos y manos bien prensadas, la señal anuncia mi estación, “Estación paranoia”, el viento y ciento de direcciones me apalean al salir, el tren ha partido, sin consecuencias aun, consigo su  momento.

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Entre Árboles y Niebla

Domingo, 9 de Agosto de 2009 Sin comentarios


Esa mañana desperté inquieta, me levanté de la cama apresurada, ansiosa, mis manos parecían moverse como si tuvieran vida propia. Entre mis viajes por toda la pieza, por aquí, por allá, me detuve un instante a mirar por la ventana, el cielo estaba gris y no había ni un rastro de color en la ciudad, unas extrañas nubes blancas se aparecían de vez en cuando, no sé si fue intuición o algo querías decirme.

Me vestí tan rápido como pude, hasta olvidé que este era un día más sin diligencias, sin compromisos, un día más de sentarme a maldecir y odiar mi falta de iniciativa, y mis días infinitos sin suerte, mis días infinitos sin ti.

Extrañamente esta vez mi habitación estaba sin llave, así que salí del edificio y tomé el primer bus con dirección a no sé dónde. La gente subía y bajaba mal gestada,  indiferente, sin derecho a tregua por un asiento, y el conductor reflejaba en su rostro una amargura eterna, como si hubiese nacido para vivir el martirio de su trabajo todos los días. En fin, todo me parecía patético y desalentador, sin embargo me senté y comencé a disfrutar del paisaje: las personas impacientes en los paraderos, los niños con las narices frías, y a vista y paciencia de los que se apresuran por llegar a algún lugar a protegerse del frío, los perros acicalados en las esquinas, muchos de ellos jugando verdaderos roles segundarios en cada escena de la ciudad, y las parejas… ahí están, con sus infinitos intentos por separarse y despedirse de una vez. Eso me conmovía, me hacia pensar en lo distante que estabas,  pensar en cómo eras, tus gestos, tu risa ,tus ojos bañados de melancolía y timidez  me hacian pensar en tu sorpresiva e injusta manera de alejarte para siempre.

La angustia me tomó por sorpresa, por un instante me sentí ajena a todo, me levanté abruptamente del asiento, insistí en bajarme. Algo entre dientes murmuró el conductor y por fin accedió a abrir la puerta.

Que frío que hacía y un viento tenebroso corría por mis pies, no sabia dónde estaba, y … comencé a caminar, las calles estaban vacías y oscuras, por un momento sentí pavor, mi cuerpo temblaba, y era como si todos los ruidos de la ciudad confabulaban en mi contra para derrotarme.

Ya no bastó con caminar apresurada y sin darme cuenta estaba corriendo, me preguntaba cuándo aparecerían los árboles, dónde estaban esos árboles, los árboles del parque cerca de mi casa, ésos que me protegían cuando era niña. Fueron muchas las veces que se transformaron en mis inmensas murallas de acero, donde los gritos y los platos rotos no llegaban hasta mí, dónde estaban para cuidarme esta vez.

El cuerpo no pudo más, dejé de correr, caí al suelo, estaba sucio, repulsivo, lleno de grietas, quería levantarme, no deseaba estar lejos de casa, cuando del cielo fueron millones las hojas que comenzaron a caer, hojas cayendo en medio de la ciudad,  creí que sólo yo  podía verlas, y peor aún, sentirlas, me rozaban la piel, se clavaban en  mí, llegaban a mi conciencia. Ahí estaba, cubierta por un millón de hojas fugaces cayendo de lo más alto de la crueldad de mis propios recuerdos fantasmas, de lo más alto de mis propios tiempos, de mis propios días, estaba sola por fin pero con esas gélidas y transparentes hojas rozándome.

Aun permanecía en el suelo, comenzaba a convulsionar, mi pecho parecía vacio y se   secaba lentamente, esas malditas hojas se habían llevado mi aire, mi aliento, tu recuerdo, mi llanto seco…mis ganas de buscarte en alguien más ¿de donde provienen estas infinitas hojas si aquí no hay árboles? pregunté. Unos hombres me tomaron sin contestar, había una avasalladora luz roja parpadeante  por todo el lugar, no me dejaba abrir los ojos y era como una gran dama vestida de rojo que venía a  envolverme  con su vestido.

Y aquí estoy, en esta sala blanca y con extrañas ataduras y agujas clavadas a mi cuerpo, sólo puedo divisar a mi madre pasearse por el lugar a lo lejos, desesperada, enfurecida, rezando, llorando… y a miínada me conmueve, porque se que habrá un próximo encuentro, porque sé que podré alcanzarte, y buscarte otra vez en un millón de hojas fugaces, porque esta vez, la dama vestida de rojo no me llevara, porque este sentimiento persiste, porque me ocultaré un tiempo más entre los árboles y la niebla , y cuando llegue el momento, acudiré hasta ti, y por fin estas infinitas hojas dejaran de caer.

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El Bolso a Cuestas, y un Retorno Anochecer

Martes, 28 de Julio de 2009 Sin comentarios

El bolso a cuestas, la sonrisa cansada, un anochecer que se rinde, la gente duerme y vas con destino a lo que nunca soñaste, en tu bolso, palabras mal dichas, alegrías, etapas saltadas, dolores de espalda, y una familia que espera tu retorno anochecer. Ellos aún duermen, nunca descubrieron en tus ojos cansados más que un pan, más que unas monedas para colación, más de lo que fue tu vida, porque tantos como tú huyeron cansados ante la asfixia constante de su alrededor sin metas por repetir, ante la asfixia de un sillón y un control remoto que espera tu retorno junto al olor de cigarro barato que sale de un beso deslavado para la mujer que soñaste se ha envejecido con los años, pero permanece intacta revolviendo tu comida caliente y  mirando el reloj, haciendo maravillas con las monedas que caen en aquel velador sin presupuesto ni economía vigente.

Trabaja fuerte el maestro hoy, maestro de manos toscas y gestos brutos, maestro de desdicha y dibujitos de pequeños en su billetera, maestro que cava fuerte la tierra a la que nunca perteneció, maestro que se desvive buscando entre sudor y cansancio, granitos de futuro mejor para los que esperan y crecen pronto en su retorno anochecer.

Sólo falta de oportunidades y un porvenir difuminado trajiste esta noche de vuelta en tu bolso viejo, atrás se durmieron tus ansias de superación, y reposaste tu fuerza  de juventud entre clavos y murallas a medio construir, edificaciones y torres de marfil,  por manos cansadas y espaldas quemadas al sol, y lo que quedó, para los que no alcanzó, es lo que espera afuera de lo que miras terminado con orgullo y satisfacción concebido por quienes nunca vivirán entre paredes seguras  y niños de rostros mojados de tanto llorar en la espera de un padre cansado que entrega su vida danzando entre andamios de acero y un bolso viejo que trae consigo sus años de vigor envejecido, su inmadurez heredada y un puñado de recuerdos en sueños agotados que se alejaron con la sirena que avisa la hora de retorno al hogar.

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Angustias Maldiciones

Martes, 28 de Julio de 2009 Sin comentarios

Angustias maldiciones, para qué

si en este día de abril las luces alumbran entre los girasoles,

yo pensé en marcharme pero algo me detuvo,

algo me dijo aprieta los dientes y espera,

pasó tan fuerte el ventarrón,

que tres de las capas de mi piel volaron,

con lo común,

como sabanas blancas en medio de un horizonte imaginario,

dos de mis capas volvieron

una se quedó con todo eso

lo de aquellos días,

de esperar que se abriera la puerta,

una sorpresa del anochecer entre cubiertos y platos de pequeños.

Hay una fiebre de demonios en la casa

la noche ya está cayendo tanto que aplasta,

y son fugaces las cuestiones que laten intensas

entre una tina vieja y una casa de techos altos,

de frió y recuerdos ajenos

incrustados en las piezas

que adornan aquel pasillo hacia los deseos

detrás de mis montañas

ya no espero, se desvaneció con ojos comunes

pero en horas y no meses.

Un extraño pasó

y en su manos traía  dos tristezas dibujadas

con mucha suerte sólo tomé una,

permanecí esperando con los dientes apretados,

olvidé cerrar la ventana y el aguacero entra de vez en cuando,

pero ya no sé adónde va cuando lo dejo salir,

esos globos que colgaste en mi pieza

y esas zapatillas que no pedí

me gustaron con carga en mi conciencia

como pluma de acero

y llovió sin motivo

sin lagrimas ni gestos

sólo se que llovió, sentí que paso por tu mirada

y no sé dónde estás

no te esperé, sólo apareciste

Libre estoy en mi asar, mi espera de un día en horror

de silencio crucial en que la sed es mayor

y debajo de mi brazo se asoman

cielos diferentes con ángeles y demonios de otro lugar,

penumbras venideras y pasadas envueltas en papel de regalo

amarradas con un cinto de lo incierto

la muerte pasó y te apuntó con el dedo

te abrazó como hermana mayor

y cubrió sin tocarte

porque seguí esperando y apretando los dientes,

los perros ladraron pero no mordieron

mira la luna tu rostro no pareció verdadero

no hablo conmigo hoy,

sigo aquí, aprieto los dientes y espero

me toca lo que encontré.

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Recuerdos Estacionarios

Martes, 28 de Julio de 2009 Sin comentarios

Noches de lunas un poco más grandes, un poco más redondas, estando en lugares sin saber cómo recordarlos, cómo quererlos, cómo imaginarlos, y persisten en la retina, junto a las ganas de estar en algo que no se sabe qué es, en alguien que no se sabe quién es, en horas que siguen su curso en estados de transición entre la inquietud que se carga y la imprudente novedad, esta vez sin apremio pero no por eso sin arrebato retraído, asomándose a sonreír en los ojos cuando se mira hacia un horizonte imaginario, incluido en la ventana  que se mire o se crea mirar.

Días de aires que no son, que ya fueron, entre el rosado y las calcetas con vuelito, retrasados aquellos días en las diligencias atraídas por crecer, No asistir, no cumplir, no reflejar; sí disimular, bien vestir, bien amar, bien actuar, bien desear. Días que guardan colores de mañanas tardes de Septiembre, en que su alma gritó a la mierda con la experiencia, a la mierda con el crecer, a la mierda con su espalda cansada y sus años envejecidos, a la mierda con mi incierto querido.

Mañanas de hablar lo mismo, cada vez con mayor irregularidad, cada vez con mayor apuesta, logrando algo que se pueda traducir, en bocas abiertas, en calles de casualidad, en miradas venideras comentando con el tiempo, charlando todo la época en una copa de cosecha buscando en ciudad de pieza y revoltijo, con cajas de recuerdos en alguna instancia felices, ingenuos, pasaron ya pasaron, en hora en noche de dulces amargos y cielos de melocotón, en soles de piedra y atardeceres de mármol.

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Una Buena Sopa

Martes, 14 de Julio de 2009 Sin comentarios

No hay nada como una buena sopa en un día de invierno

y no hay nada como ver el atardecer,

con los labios mojados

de palabras que ansían

un eco en otro lugar

que su propio paladar no sea.

No hay nada como una ráfaga de pesimismo

que envuelve y acaricia de vez en cuando.

Ya basta de acostumbrarse al buen despertar

y al tener más de una razón por que ser feliz,

reclama la mala suerte a las ansias de control y convicción.

No hay nada como una de esas buenas noticias tristes

en un buen día con aires de mal parido y sin gracia

adornado de colores opacos

faltantes de transparencia y diafanidad.

No hay nada como una buena desesperación

actuada con descontrol, rabia y sin reparo

en el momento inesperado que no conoces

que no esperas, que no te atreves a invocar.

Pero llega, como ladrón que toca tu timbre

y lo haces pasar, absurdo y sin reparos

se sienta en tu sofá y come de tu mesa.

Toma sopa caliente en pleno verano.

Toma sopa helada en un clima frió,

y sírvela en loza fina

procura, con agujeros profundos.

Mira tu plato, hace frió

y aquí no hay sopa.

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De morado y con Encanto

Martes, 14 de Julio de 2009 Sin comentarios

¿Ya son las 6? ahí voy, comienza el día, porque mi noche es eterna, pero me encanta, y me encanta tu mirada perdida y desenfrenada, me encanta la forma en que me traicionas y te las arreglas para refregarme en la cara cuanto me odias y me tienes, cuanto preferirías a alguien que no sea yo, y eso me encanta, me  encanta la forma en que me obligas y me tomas, aprieto muy fuerte los dientes y mis manos arañan las sabanas que se roban los últimos rastros de mi esencia de mujer, y me encanta cuando se desborda tu instinto de macho rudo y sostenedor, me encanta la forma en que día a día lavo tu ropa y me desvivo por planchar tus camisas que huelen a lo que algún día me prometiste, pero me encanta.

¿Ya son las 6? ahí voy, comienza el día, porque mi noche es eterna, pero me encanta, el agua bien caliente, la sonrisa bien amplia, y estás por venir, y son un sinnumero de razones por las que tiemblo, pero me encanta, me encanta cuando traspasas tu rabia de un mal tiempo con tus manos amplias en mi cuerpo, porque cada despliegue de tus golpes, me encanta, y también me encanta cuando vas  enterrando como puñal cada una de esas palabras que me hacen recordar lo inferior que soy , lo mucho que debo estar agradecida de lo que me entregas, porque me visto con la ropa que prefieres, vivo  en la casa que compraste, porque tú compraste la comida que hay en mi plato, y tú compraste mi derecho a respirar, porque son tuyos mis pulmones y son tuyos lo hijos que he parido, pero me encanta.

¿Ya son las 6? ahí voy, comienza el día, porque mi noche es eterna, pero me encanta. Me encanta cuando me celas y me castigas por historias que sólo tu crees ver; tienes que estar tranquilo, ya he aprendido a sobre llevar esto, nada en la vida terminaría por aniquilarme más que volver a acostúmbrame a otras manos ahorcándome, a otras manos vistiendo las mejillas de morado y mi espalda de rojo dolor y mi alma de negro fúnebre, pero me encanta, me encanta la forma en cómo tus insultos se incrustan en mi conciencia y queman como si un millón de soles estuviesen ardiendo en pleno verano, porque ésas palabras están tan intactas que las creo y me encantan, ya no duelen, porque eres mi dictador, mi salvador, y mi extraña agonía, mi infierno personal, y es en nuestra pieza , donde juego a satisfacer lo más repugnante, y es tu repulsiva mente la que controla todos mis movimientos, y yo accedo, los niños duermen, muerdo la almohada y espero de una vez que  el amanecer me salve o tu cansancio se apiade de mi, y eso me encanta.

¿Ya son las 6? ahí voy, comienza el día, porque mi noche es eterna, y eso me encanta, me baño, me limpio, no quiero que los niños me vean , mi piel se descascara, mi espejo ríe y mis ojos están hinchados, no puedo llorar, ni para eso me alcanza, y mi espejo ríe porque ve pasar los años en mi rostro como si fueran siglos, y eso me encanta, el agua es de sal, y me quema porque mis heridas están abiertas, pero me encanta, porque alguien me dijo que para eso he venido, y pongo todas mis fuerzas en respetarte y nunca desafiarte ni con la mirada, no hay nadie más aquí, solo mi espejo que ríe y me viste de morado, no quiero más golpes, el morado me sienta bien, y eso me encantan.

¿Ya son las 6? ahí voy, comienza el día, porque mi noche es eterna, pero me encanta, y me encanta soñar despierta por un segundo frente al espejo que todo fue un sueño, y que duermes sin despertarte, que reúno todas mis fuerza y logro inmovilizarte, y que de mi boca salen palabras, porque aún estoy muda, hablando todo el tiempo en silencio, y eso me encanta; mis sueños están rotos pero  esperan, y mi suerte que no he buscado también, en mi cuerpo sólo hay rastros de injusta severidad y una vida merecida para nadie donde esta vez la alegría permitida por segundos no tiene reloj, con respecto al amor aun creo en él, aunque permanece apilado junto a tus promesas de cambios venideros ¿y cuándo? yo todavía espero, serena y sin remordimientos, aunque mi dignidad y mi orgullo, ya no esperen, ya marcharon,  seguiré de pie y vestida de morado quizá mis suspiros me eleven al día que no conozco y esta noche eterna, que tanto me encanta, por fin me haga recordar de una vez lo mucho que te odio.

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