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Archivo para la categoría ‘Alonso Gordillo’

El terciopelo de las zapatillas o del deseo, el hurto y el fetiche

Sábado, 23 de Enero de 2010 Sin comentarios

Al ver en el espejo la recámara

algo de mí ha sonreído.

Sucede que tengo un par de recuerdos

que bien vendría traerlos a cuenta

en un día como hoy:

-

a) la primera vez que usé tu vestido de novia

tuve una erección poderosa e inocente.

-

b) la primera vez que descubrí tu sexo

abrí tanto los ojos, por curiosidad o por deseo,

pero sólo hallé en él pescados, sal,

cartas de amor y lencería vieja.

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Dos vestidos de novia

Martes, 29 de Diciembre de 2009 Sin comentarios

Para Aurora

Fue así:

Jamás entendí

tu deseo de ir a la montaña

a morir cerca del cielo.

-

Parte uno. Dijiste que lo más parecido al destino era un dentista que ha terminado su trabajo y sale de la boca con su taladro ensangrentado. Que será de nosotros mañana sino claridad en la penumbra. Dijiste algo más, ahora ya no lo recuerdo.

-

Según el ciego Borges,

según Lacan huérfano de Freud,

la memoria es así:

a su manera configura los recuerdos en un nuevo fantasma;

de modo que a uno le resulta menos doloroso

reventarse el mentón con el pasado.

-

Parte dos. Al final del día llegó mi turno. Había que llevar tu cadáver, arrastrarlo hasta el abismo (que podía ser el mar, el cielo, la montaña, mi cabeza, este poema o nada) y arrojar contigo mi lengua y mi palabra.

-

De aquella mañana

sólo ésto ha sobrevivido:

la casa está vacía, sus ventanas se abren como párpados y un sudor frío brota del espejo. Éramos las novias. Éramos las novias. Éramos las novias. El tocador no ha dejado de temblar.

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Día Y o domingo por la noche en un año cualquiera.

Martes, 29 de Diciembre de 2009 Sin comentarios

Antes de que el mundo se acostara para dormir,

-desde mi cama, sin pijama, atento y valiente como pude serlo-

escuché que alguien se asomó a tu sepultura

a decirte despacio, muy despacio en el oído:

Caballo de piedra, caballo de alcohol,

caballo mohoso, caballo animal,

después de esta mañana,

me habría gustado verte saltar

como una rata temerosa.

Entonces habrías aprendido

la diferencia entre predadores y asesinos.

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Condiciones humanas

Lunes, 7 de Diciembre de 2009 3 comentarios

Para M*, aunque se merezca algo mejor


Mi corazón es un cardumen.
Cada ventrículo, cada arteria
levanta un golpe de sangre
que avanza resguardándose
hacia una sola dirección
por cuidarse de la muerte,
para no ser devorado.
-
Mi corazón asiste
a su propio acto de supervivencia
y de pronto, ahí en la corriente,
cubierto de frío y blando como un pescado,
descubre que todo ha sido
un infortunio:
-
El cardumen
se asoma a la gran trampa
a merced de aquellas redes lanzadas
por pesqueros gigantes;
o peor aún:
a merced de tus pequeñas manos.

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