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Arbey Rivera: luchar ante la ruina del naufragio

Miércoles, 11 de agosto de 2010 Dejar un comentario Ir a comentarios

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Rivera, Arbey. (2010). Cantos de mar para evitar naufragios. Chiapas, México: Editorial Jex.

Arbey Rivera, artista plástico y poeta, deja una severa impronta en la poesía reciente de Chiapas con el libro Cantos de mar para evitar naufragios. Edición de autor al cuidado de la joven editorial Jex, de corte independiente, los Cantos aluden a la pérdida del amor, a la acérrima nostalgia que no deja resquicio alguno en el alma de quien sufre. Y si bien ambos sentimientos son evocados constantemente a lo largo de las tres secciones del poemario, los Cantos, en palabras del poeta, buscan ser un himno de esperanza, siendo la palabra poética el medio ideal para salvaguardar lo que resta ante la tragedia, ante las ilusiones que arden de manera espontánea. Y si bien podría imputarse el uso un tanto desmedido de la adjetivación como parte de los recursos formales en la elaboración de cada poema, la prosa hecha fragmentos fluye con un ímpetu que quema. Enhorabuena por Arbey, instándolo con esta breve nota a que regale a los atentos lectores de sus letras, un nuevo libro y los sorprenda como ahora.

Cantos de mar para evitar naufragios. Arbey Rivera. Producciones editoriales Jex.

Selección poética
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A Elizabeth Morales Álvarez

Por la luz que ha dejado en el vuelo de los pájaros,
por el barcorazón que boga y boga en la esperanza,
por los días trece y la poesía.
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1
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El viento gime un naufragio. Adolorido barco de peces y gaviotas surca un abismal clamor de mar abierto. En la punta del mástil canta una bandera su antigua elocuencia de libertad.
Es un monstruo marino ese huracán que se vislumbra más allá del punto transparente de una lágrima que llueve su lenta y lúgubre ternura en la proa del barco, al borde del naufragio.
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5
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Lento trajinar de la piedra que no oculta su silenciosa hazaña de paciencia, su silenciosa lumbre, su silenciosa sombra, su lenta y silenciosa forma de abrirse o de cerrarse a la intemperie y al tiempo que le golpea el rostro y el costado con legajos de musgo, de viento, de agua, de huellas invisibles, con silencioso y largo trajinar del polvo inalterable de la vida.
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7
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Hay quien le llora a un barco que se aleja con su cauda de olvido, hay quien le llora a un barco que regresa con su carga de amor. Hay galeones hundidos en el fondo del agua y ni siquiera la lumbre de la ansiosa verdad es capaz de sacarlos a la luz. Hay barcos en la sombra abisal cuyas historias cantarán las sirenas con su silencio eterno.
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8
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¿Podrías venir a recostarte al lado del crepúsculo? Oirás la canción del mar, del blues azul que me mantiene aquí despierto. Gira la tómbola infinita del deseo. Perpetuidad salobre hay en la playa; voces, vicios y vacíos siderales en el pecho que transmuta su viscoso dolor, su nauseabunda espera, su desgarrada sombra de palmera vencida por el viento.

Gira la luz, duerme la sombra.
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13
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Aquí no debe morirnos la esperanza. Una leyenda de agua nos conmueve pero la batalla continúa en el aire. Aquí no debe arrebatarnos este viento el grito que ya somos, la palabra que forjamos y habremos de crear en cada encuentro, ni siquiera hemos de deshacernos de las hojas que cuelgan del follaje de los árboles del aire. Aquí vendrán los pájaros para mostrarnos el día a pesar de la muerte de los dulces relámpagos.

Sí, aquí nadie debe morirse sin haber encontrado la ternura del mar en el grano más fino de la arena, sin haber descubierto en el amor la casa azul donde los barcos llenan sus redes de peces luminosos, y las aves picotean el alba desde el mástil, para que todo náufrago recuerde que hay faros encendidos en los veleros rotos.

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