Jacob Levi


Judío de nacimiento, blasfemo por convicción. Uno que otro premio, uno que otro reconocimiento, seguir siendo parte de la “Estadística Literaria”. Único espacio de bondad irremediable, su más perfecta creación Razabih (Octubre 23, 2006).

Aún sigue en este mundo y ese es su pesar (o su resignación). Lamenta la hipocresía dogmática de las religiones, no por negación de Dios, sino la manipulación de las masas. Creyente, ferviente creyente de lo que no puede escribir, es decir, casi todo. El intento lo es Todo, el vivir es un intento de todo.
“La seducción es el mito que edifica […] la casa de los ecos…” Es la mera retórica que sin sentido mueve las entrañas, permea los obstáculos de lo cotidiano haciéndolo perenne; la poesía no es un acto de fe, ni una epifanía que trastoque el funcionamiento humano, es simple aglomeración de “perfecciones” en función de un mejor consuelo ante el hastío y la mediocridad del ser.
¡O cómo llamar a esa imagen nítida que es el Tiempo; hazla palabras y huye tras las cortinas, esas ambiguas, que es ser o no ser poeta! Los mentirosos, la nefasta ironía de autoproclamarse un adjetivo que de verbo no tiene lo cabal.
Poetas, todos somos poetas, y como diríase coloquialmente: ¿y tu paletota?

