ABISMO
Me cuelgo en tu andamio, a una embolada de tu rostro.
Miro hacia abajo,
tu abismo infenestrado me contempla.
Con tus palabras hincadas en mi mente,
me aniquilo.
Después de todo,
¿Qué es lo que sobra?
Sólo esas luces huérfanas
de mi aire solo
lento
indigente.
Me esperan las noches,
casi oscuras, casi claras.
¡Ese abismo!
me amenazan sus sombras,
tus sombras.
A veces es mejor
dejarse
caer.
