Martes, 20 de Enero de 2009 Dejar un comentario Ir a comentarios

Muerto, sin sepultura

degollado por una letrina llena de una intensa circulación sanguinea,

momento de la eternidad que puede determinarse como se determinan las notas musicales;

como la estrella en el crisol,

como labios abultados vistos de perfil

como esa boca ruín.

Conmovido por esa huella venusiana

que se transparenta incluso debajo de tus ojos,

preso del destino en las arenas de esta soledad

como sotanos escalonados bajo el templo

donde todo muere por ser ser vivido.

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