Muerto, sin sepultura
degollado por una letrina llena de una intensa circulación sanguinea,
momento de la eternidad que puede determinarse como se determinan las notas musicales;
como la estrella en el crisol,
como labios abultados vistos de perfil
como esa boca ruín.
Conmovido por esa huella venusiana
que se transparenta incluso debajo de tus ojos,
preso del destino en las arenas de esta soledad
como sotanos escalonados bajo el templo
donde todo muere por ser ser vivido.
