iv
ocaso
la pregunta sigue en mi cabeza
por qué dirigir la vista hacia la nada
es misterio la noche de los sapos
frío y nítido el misterio y su respuesta interminable:
la vida es el enigma de los gatos
ocaso
la pregunta sigue en mi cabeza
por qué dirigir la vista hacia la nada
es misterio la noche de los sapos
frío y nítido el misterio y su respuesta interminable:
la vida es el enigma de los gatos
me finjo
irremediablemente me transformo
en tu mascota
soy la sombra que cubre tu casa
el árbol marchito soy
lleno de tiempo
en la mañana
tú no caminas por mi casa
por mi calle marchita y temblorosa
tú pasas danzando en las brazas de las piedras
pasas tocando mi puerta con las ventanas abiertas
y cuando abro
algo de ti se esfuma como el aire
¿acaso eres humo que coloca la vista en las paredes
o misterio deambulando tercamente
por mi memoria abandonada?
quedé diez horas pensando en tu pregunta
y fue larga la noche hasta el amanecer
Juolbo
el único nombre de la noche:
Un rostro arremetiendo la materia
Vestigio de rocas
–sello agónico
La Voz que caía rasgando endechas fugaces en la búsqueda
Serpentina epicúrea
seduciendo el desierto henchido de posesos
equívoco divagar en el semillero de felonías
Una púrpura cortina y espejo
libación estelar (…) canto devocional
los rasguños ensordecen la oscura faz– bosque de espinas:
hollados y cadáveres reclamando un reino…
Pretorio de un Mesías negro:
Omnia Est Malis Est
Suéñame triste
a la hora de tu cena con fantasmas de papel.
Bébeme triste,
que sé habrás olvidado que hoy te amo,
y te amé un día viernes que atardecía en tu cuarto.
y dudé la noche de tus alegrías,
y arañé las últimas verdades que pude arrancarle a la noche,
dices no querer tristezas,
pero… ¿qué mas puedo ofrecerte?
corazón de tela,
no tengo ganas de tejerte,
de remendar y remendar,
y ver como te deshilas.
Tengo ganas de cansarme y volver a ti
para acariciar tu ira.
VII
En el umbral de las palabras
Versales luciérnagas
Aguardan el rito de tu nombre.
El silencio y el estruendo
cohabitan tu génesis
Chispa sideral
Cristal de obsidiana
Tu mirada
Piélago…
Más allá.
VIII
En el atardecer del primer día,
En la cálida noche descubierta,
Cuando las horas marchan una a una
Sonámbulas como una gota de agua;
d e am bula nte s
en los peñascos sedientos
de misterio
y de lluvia ante la tarde
misteriosa,
impenetrable.
VI
¿Quién es el poeta?
El que canta
El hermano
El perseguido
Me persiguen las palabras,
cada noche,
cada instante,
por decir,
cuando respiro.
En el fondo del silencio, en la alborada
En el soplo deforme de mi alma
me persiguen gaviotas sin destino
En mi boca amarga,
donde el sueño
y la mar juegan conmigo.
1
Ruegan mi clemencia
―¡alabado seas!―
Lloran el diezmo
―limosna de sangre vil―
No me bastan látigos
ni tus llagas de procesión
―tu llanto de perro rabioso―
Bostezo tu agonía:
Cuántos siglos de ignorancia
Cuántas puertas celestiales clausuradas
Qué varón te dio la llave
¡Vaya tu fe!
¡Vaya tu fe!
2
Hay un lugar donde no hay mar
el tiempo es una excusa
los niños son canosos
tu dios es prisionero
lo nombran Paraíso
3
Ni Bien ni Mal
La ceguera creó las Abstracciones
Lo Astral es la retórica de los Sabios
siempre empalados por su arrogancia
y si bien todos somos dioses
a quién adorar
por quién matar
en quién no creer…
en aquello que no ves
en esto que te asfixia
mi lugar irreal
de árboles eternos
de serpientes de ironía
de voces en el olvido
―alma irae―
―alma irae―
4
Mi mandato:
Serás guardián en Edén
la espada de lo Eterno en el umbral,
tantos siglos,
tantas ilusiones y esperanzas
todo para que Dios hiciera de este Jardín
sólo una idea
de intolerancia y resignación