Nada sostiene la piedra en la casa
lucero congelado
desnudo en el mar
La luz se atarda en la pared ruinosa
todo en su pecho
es polvo sepultado
la noche fabricó éxtasis
órbitas de fuego
enanas blancas
con que los olvidados disfrazaron
su desnudez astrológica
El tranvía del deseo
Las ausencias dejan vacios
la muerte un estanque en los oceanos
procrear solo deja hijos
el sexo solo es placer
ama sin dolor cuando la palabra se turbe
y cuando en los aposentos negros
todo sea un espacio para sexuar.
yo que he cubierto de espejos el cuarto
entreabrire tus piernas y te hare el amor bella dama
sin embargo no sentire lastima cuando derrames sangre
y entre los mareos tu exales dolor.
¡Es tan mala la vida! ¡Andan sueltas las fieras…!
Oh, no he tenido nunca las bellas primaveras
que tienen las mujeres cuando todo lo ignoran.
A Alfonsina Storni (1892-1938)
porque su suicidio me ha conmovido.
ES ESTRECHA LA PUERTA por donde saliste
y bajo tu mirada una voz antigua gritó tu nombre
encontrando el corazón colgado en el perchero
desamparando el poema a medio morir
agonizante en tu capricho con palabras sueltas.
Una voz llamó tu boca muda y te fuiste al fondo del mar
con la lámpara a cuestas en tu cabecera
a suspirar en la garganta del agua
para probar la sal ante tal tristeza.
HE PENSADO en ti hasta más no poder
Recuerda alma mía aquél invierno taciturno
que juntó nuestras llamas
y paulatinamente nos volvimos atardecer y palabras
humo y recuerdo
Rendido ante tus pies
te doy mi espíritu encerrado en el cristal de luz espuma
que empuñan tus manos
CUANDO SE HACE humanamente el amor
se comprende que las deidades fueron maquinadas
para restringir la entrada a nuestra condición sublime
A LOS ESCARABAJOS les duele el corazón de tanto no amar
de tanto escudriñar en los recovecos olvidados por la muerte
hundiendo el rostro entre amasijos minerales
y amarguras calizas
A los cangrejos les duele la sombra de tanto llevarla por delante
de tanto presente en pasado
los amaneceres impasibles de las caracolas
el llanto estridente de sus propias huellas
la muerte inalterable y clara que guardan en sus habitaciones
las palabras al otro lado del cristal
la lluvia y su zoológico de tempestades
la arena que pisan
y la caída irremediable del silencio
inventando dimensiones subterráneas y planetas ondulantes
al final de las historias, de las palabras, de estos versos sin rimas
he dedicado mi vida entera a quemar las auroras
las fotografias,
sin embargo no recuerdo haberme olvidado de ti… bella agonia
yo no quiero ser visto por el tiempo y por el espacio,
yo no quiero que la mar mecánica de los clarinetistas me golpee el alma con la sangre de los alacranes,
no quiero que las esculturas japonessas sean profanadas por las cantantes putas fornicadas;
sólo y unicamende deseo que la nubosidad marítima de la muerte porte besos color ocre para que los lirios sean metrónomos circenses.
«He aquí mi primer hijo
yo que nada sabía del ridículo gesto
de nacer»
Leopoldo María Panero.
Narciso en el acorde último de las flautas. 1979.
Es la sed de comerse la mano crispada de un muerto
mano de la asfixia que acaricia su mano
¡Asesino griego es Chronos!
mano danzante entregada a la sombra
mano desnuda durmiendo en su garganta
miedo de ser /dos/
con el rostro pérdido en /uno/ mismo
(Poema inspirado en una pintura de Francisco de Goya (1746-1828) intitulada Saturno devorando a un hijo)



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