A Teresa Teaiwa
Me encuentro en el estuario de mi vida,
y todo cae,
caigo yo,
me desvanesco ante esta inmensidad de cielo abierto
Y no puedo ver lo que me espera;
tal vez me ha olvidado,
tal vez el río ha abandonado a su triste corriente
y no habrá entonces quién me lleve,
sino de la mano
al menos en un arrastre furioso.
Alguien, cualquiera,
me enseñe dónde está el mar.
Hay almenas y balcones
Hay almenas y balcones,
alturas a las que se llega por guiños
más rápido que por alas;
canciones, territorios
que se poblaron de marzo,
imperios de luz bajo las sábanas.
Y el milagro se repite tantas veces
y el olvido.
hoy ves la gran ciudad como una barca sedienta.
R G
SON LAS OCHO DE la noche en la pupila inmóvil del recuerdo
las palabras quienes giran en el universo mecánico
y el unicornio de humo descansa a orillas del Caribe
mientras el jinete desmonta para comtemplar el cansancio
del bosque azul donde fantasmas cuentas historias de hadas y sirenas
Ahora que las ventanas de la playa están cerradas a todo movimiento
mi dentadura mental nada hace ya por demoler los cristales
la entrega definitiva ofrecida por los ancestros
y es tu aparición un dique tan erosionado
que cae endiabladamente sobre la almohada
Mujercita espejo fragmentada en la horrenda catadura del desprecio
Qué habitación sin tiempo y altamar
es capaz de retenerte
Qué huellas de madera son umbrales transportando tus amaneceres
a esas viejas caminatas en que yo te seguía a hurtadillas
desde antes del horizonte y la distancia
Son las ocho de la noche en una ciudad sin dársenas
Aguamarina que no existe
aguamarina que no pertenece a nadie
agua navaja encajada en el agua
cicatriz profunda en el cauce del reloj
que convierte mi mañana sanguínea
en rocas dispersas con su beso cadavérico
Morena, rubia o transparente
Morena, rubia o transparente,
lo que menos importa
son los zapatos.
Sé que tienen la piedad y la ternura
a flor de manos,
sé que mueren a veces
entre brazos vacíos,
aferradas a un aliento que entonces
se recrea en otra boca.
Cuánto habré sufrido antes
de verlas caer en cama de abandono.
Ecuación de cuarto grado con poema emergiendo entre ruinas como solitario combatiente percibiendo al mundo como sustancia intocable.
Digo lejanía
la historia del tiempo está medida con hilos de palabras
y sucede desde dentro
a veces toca el recóndito destino
la imaginación de quien escribe
entre dos vértices distintos
orden y unidad
voluntad y conflicto
digo palabra silenciosa
quietud y esperpento
pactando la húmeda figura del poema en un sueño secreto
POR QUÉ SE necesita tanto tiempo para saber
que la carne de un poeta (SOY UN PEATÓN MÁS)
se menosprecia
se ARQUILA a la desgracia
se pierde en depósitos de carroña
el viento piensa que es hojarasca sin memoriA
sin historia
FRASE ilusoria la envuelve
con ecuaciones de tiempo y MISERIA
en habitaciones que no son como todos creen
tanta contradicción de escarcha
en invierno va eligiendo su FORMA
tomando a puños el polvo de la playa
repartiendo copos de sarcasmo sobre las mesas
en los desayunos sin jugo de naranja
SIN SABOR PARA VIVIRLOS
acompañados de 3/4 de pasado
Por qué esta canción infinita
derramando su lugar en hojas de ALUMINIO
en el claroscuro del asfalto que duerme sin distancias
acuñando huellas de los que nunca vuelven
cosechando palabras para la niña de MIS OJOS
POR QUÉ esa necedad de los perros de seguir a uno
mientras se anda en bicicleta por las calles
ladrando polvo
cuando se camina en silencio extrañando la vida
extrañando la muerte abandonada en otros territorios
olfateando el asco de la ciudad
Por qué esta terca desolación en las arterias de la noche
que vomita planetas sin órbita
Parto la sombra infinita amor mío
un pedacito de ella es para tu cuerpo
otro para los niños que no pueden COBIJARSE
ni adquirir un bocado
y lo último para los siglos que esculpen arlequines
en la sonrisa dibujada en mi sobrina Magdalena
ah Magdalena ah Magdalena
muñequita de FELPA cincelando proverbios
en un Ser que habla acerca de espejos de espuma
que aturden sin siquiera mirarlos
Por qué esta demolición de sonidos
que caen como pájaros heridos revelando el secreto del aire
desnudando las alas que los colores disfrazan de arcoirirs
y los instrumentos de la lluvia construyen desde lo secreto
disparando a quemarropa su munición
sobre la mirada incrédula de los cometas
y el correr de los niños
que maniobran el curso de los hombres
A las niñas de la selva las entierran con la boca llena de masa.
Ámbar Past
Mi alma no tiene fondo,
tu amor no alcanza los senderos que recorro con la lengua,
con ella trazo las distancias
y dibujo el hueco sin fondo que es mi corazón:
pozo que te refleja,
que no quiere hundirte en las aguas del infierno solitario de mi nombre.
No quiero velar tus sueños
con este arrullo de notas tristes
porque te acosará en cada esquina
en las calles ruidosas que acarician tu cama.
No quieras llenarme,
llevarme de tu mano…
Por ahora
préndeme a tu cuerpo.
Entras perpetua a la casa que soñaste cuando niña,
te miras como alcoba llena de polvo entre tus muslos,
y acaso das la vuelta para recordarte sobre la hamaca
bebiendo céfiros en cada movimiento seguido por tu cuerpo.
Casi la noche recorre uno a uno tus trozos de madera
en el diván de tus muñecas perpetuadas,
se dirige a ti preguntando por el juego desterrado de tu infancia…
tu memoria,
esa historia arrumbada que rompiste con el aire por descuido.
Callada te recuestas en palabras fúnebres,
es el carbón y la arcilla lo que te ha abierto la herida en el pecho,
te lo dice la piedra tallada en los muros,
el rincón desnudo de la recamara
que observa a la calle sin decir palabra.
Nadie sabe desde cuándo las grietas de la casa se reconciliaron con tu vida,
y cómo las paredes se han convertido en un escudo que detiene la llaga
[de tu nostalgia.
El silencio estaba dentro de ti, no en la casa que creías aburrida,
no en los céfiros que ocultaban su tristeza.
Todo hombre solitario guarda de sí un mundo que no le pertenece
[sino en sueños,
todo golpe en el pecho es una lanza clavada al unísono de la amargura,
pero la casa sigue intacta con tus cabellos esparcidos por el suelo,
a la orilla del silencio divisando la ternura de tu misterio.
Oye murmurar al sol un día domingo
verás que su boca es una astilla
demolida en medio del mundo
(y) cada pájaro el cimiento de sus ojos
que nos miran débilmente bajo la sombra
de un nutrido viento.
Óyelo decir que ha venido a derribar
el hurto de la noche ―asecho de su sombra―
como solitario astro partidario
a su postura:
Hacer su voluntad es aclarar
la trasparencia de su incendiario engaño,
antiguo retoño atravesado de ciudades,
traición de su memoria
―o potencia sometida a ciertas leyes
naturales―
que no aguarda llantos en las calles
y escuetos silenciosos
filtrados en las hojas de los árboles.


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