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TAN LEJOS DE una ciudad amurallada

vomitando la distancia de cuerpos

que danzan el amanecer en el valle de Tuxtla

Sangrando palabras que jamás atreví a decir

No salgo de canciones que repiten el ritmo de la muerte

llegando al oído del asfalto

mientras mi sombra circula entre huesos enterrados

y los astros cuelgan de mi garganta

como estalactitas que empuñan el filo del agua

cortando sin dificultad los cementerios

Tan lejos del espiral de esas calles

adornadas de posol y empanadas

de chacharitas e indigentes

enroscándome en el caracol de la selva

que camina sobre el fuego

defecando las cenizas del volcán

sitiado en el cerebro de mi padre

que provoca sismos en el alma de Doña Nora

A esta hora tan lejana en que el arrepentimiento es innecesario

en que el perdón es una fruta ya no comestible

las semillas de la vida

son estucos paralizando las extremidades

los deseos de volver a casa

decido esperar a que la soledad adormezca lentamente

al Yo al que no le importa lo que ocurra en otras partes

 

 

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Aura

Alejandro Aura

Alejandro,

es momento de cerrar los ojos

entrever en el universo

el pálpito de tu corazón moribundo

hilado uno a uno al retorno de

tus alas de pájaro

y tu cuerpo de planta disecada

que todo lo pierde

¡Es así la vida de cobarde!

Dejas la casa descubierta

por tus días sin querella,

dejas la tierra

con gusanos sin tu espera,

dejas tu origen,

viejo retoño perpetrado

por el cáncer

idéntico al mediodía de lluvia con granizo

Alejandro,

vuelves a casa nuevamente,

advirtiendo el final mordaz

de tu despedida

¿Adónde va la vida,

equilibrio de tu nombre

prodigado?

¿Se está bien allí,

entre el diminuto designio de la sombra

y la nada?

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La he visto

Para deshacer la noche,

tendría que cabalgar la amargada soledad

que construye su casa a orillas del recuerdo.

La he visto pasar con tus ojos cargados a la espalda

para enmarañarlos a su techo.

Ha recortado por trozos tu sonrisa

y es tan leve

que cuesta levantarla

y remendarle prendas al arrepentimiento.

Tiene rostro,

juro que la he visto,

teme tu presencia

y aún así la invoca,

le han trazado la piel para atrapar

muros de sol en tu espalda clandestina.

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Porque no voy a verte desnuda

Porque no voy a verte desnuda
déjame al menos tu lágrima
más hija de tu párpado que mía
déjame indagar en tu nariz
la fuente insoportable de la fiebre
la grave polución que en tu garganta
fermenta levaduras

                            un síntoma veloz trice el silencio
                            parta mi boca el rayo de tu boca
                            fecunden sus partículas
                            el sitio de mi voz.

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De eternas miradas se teje la noche,

y yo no he aprendido más que a deshilar tus ojos,

aguardiente la miel que se vierte en mis pupilas,

como rayo que desciende triste

para reafirmar el torrente de vida

que deambula entre tus venas.

Transitando amor, se entienden las distancias

y se cuentan cosas

que penando algún día sabremos

solos , con la tierra sola

que se cimbra y calla

abriendo su herida.

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Muerte, tienes alas sobre los brazos,

un ancla de lodo incrustada en la cabeza,

descuido de marinero vestido con pantalón negro

y saco de porcelana.

Tantos sobrenombres en la materia de tu cuerpo

que difícil es reconocerte,

sentada bajo un árbol de álamos,

irguiendo tus raíces sobre el agua,

tu propio emblema, noche degollada.

 

Antes,

el luto de los cuervos por tu ausencia.

Antes,

el estrépito de Dios,

ceniza clavada en los ojos de la tierra,

cúspide sobre sombras derruidas,

mano desértica.

 

Muerte, ahora te hablo,

hasta cuándo tu victoria

cederá al llanto de tus hijos,

hasta cuándo tu rostro inventado

desistirá a la esperanza de tu corona de astillas,

herida mortal,

primera lágrima del corazón,

buscando la voz de nuestros ancestros.

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HABLO DE LA clandestinidad de mi comparsa de Montejo (Leo)

que ahora lidia con mesas y platillos

y el golpe de pasión que la noche acendró

en su costado izquierdo

   de la caminata rutinaria que ha hecho senderos

en su no memoriA

en su cansancio tan sabido por nadie

   de que debo aguardar un poco más

hasta que cobre su quincena para salir a “turistear”

al inframundo de esta ciudad tan desolada

Hablo del imán que llevo en la frente y se entrega fácilmente

a cualquier fracaso barato

   de la alegría que caduca en latas de frijol

   de los bancos de plasma en hospitales

que engendran muerte

   de las dagas que asechan otra vez las heridas del sol

   de este rayo de mierda que asciende desde las coladeras

con su peste que brota en los huesos

en mi oquedad de arcilla que recuerda las selvas de antaño

Hablo de lo que habló mi padre

mientras construía castillos en el vacío

y era el hogar lo que se derrumbaba

y era el cielo el que se nos caía

como un cúmulo de odio y furia

como un octubre tan ácido

   de esperar una entrevista para mi supuesto trabajo

y sentarme a discutir conmigo por qué no tomé ese curso

de idiomas que exigen en la Universidad

Hablo por que no sé cómo contener tanta extrañación

ni cómo mencionar tu carne

si en mis labios nunca estuvo la metáfora de tu piel

pulsando locamente en mi deseo

   de ese pedacito de sombra erizada

guarecida en tu vulva

   de ese pincel de fuego en tu corazón

con que teñiste mis pupilas

   el mar embravecido en la sonata del Fagot

   el espiral del viento que ahora cobra fuerza en mi tacto

en mi canto de hombre que se niega a volver a la vida

cuando sólo quiero volver a ti Danae

a tu sol de hebras adherido a tu cabello

Hablo de un goblin que en región conocida

despacha el oro negro de la patria

calibra ausencias y suicidios

y lleva en este día un DEMONIO sediento de años

una ciudad escarchada encerrada en viejos amuletos

en antiguos recuerdos que ahora transita

el polvo de los días tan largos

en una cabellera trenzada

como el silencio ante la tumba de su estirpe

guardada en el baúl de zapatos derruidos

y de huellas derramadas por los pasadizos

de una población cercana a la costa

que ahora le reclama donde una mujer de cabellos largos

espera pronto el reencuentro

Hablo de cambiar esta mañana lluviosa

por huracanes de cerveza

   unos buenos libros de poesía

   una puta hermosa que odie hablar de telenovelas

no para saciarme de mujer

de embriaguez

o de fantasías profundas

sino por aquellas cosas que he dejado de sentir

para salir del olvido en que me he encerrado a mí mismo

para adquirir nuevamente la fascinación de estar vivo

y recordar los sueños en que fui barcos trafalgando

sobre parajes escamados de infinito

tirando el ancla sobre vientres de salitre

o aquél niño que inscribió sus pasos para siempre

en los campos de batalla

en las calles del pueblo dando de patadas al mundo

a la soberbia indiferente de los adultos

y jugó con trompos de madera

que aun giran en el abismo del rostro

en las arrugas que las Eras han de implantar

sobre esta podredumbre de bosque de inocencia talada

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Ahora te nombro, incendio, y en tu hoguera
me reconozco: vi en tu llamarada
lo destruido y lo remoto.
Pacheco, José Emilio.

Tuvieron que matarnos a todos

reconstruir la simpleza

el blanco y negro

porque hijos simples

y bastardos fuimos

testarudos al menos

cómo enfrentarnos al mundo

no supimos

la verdad a puño cerrado

porvenir quebrantado

calló su silencio finito

Tuvieron que matarnos a todos

parirnos nuevamente

con el mundo de fuera

con los ojos de fuera

con los dientes de fuera

desgajados al encanto de la vida

como espejos donde el tiempo muere

a veces amargo y pensativo

a veces estatua

a veces vacío

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ASÍ DE entierro

así de olvido

así con mi forma de ser

   con las estupideces de los otros

      nuestra ignominia de “sabelotodos”

así

así de vivo en caricaturas y tiras cómicas

   en maquetas y proyectos turísticos

   en complejos arquitectónicos de épocas pasadas

en esta ciudad de mierda

en este horno de sierpes

así hasta la madre de solo

y no mal acompañado

Una herida en mi zapato izquierdo sangra mi carne

   mis recuerdos de manglar

   la orografía de felino

de la que los cristales hicieron cascadas

y ciudades luna anidando conejos

en las manchas del hastío

con palabras kamikaze

instaurando reinos de falsa calaña sobre la hoja

así de perro

como ustedes

como los otros

“COMO NADIE”

así en la obtura despreciable de las rasgaduras

como costras de lo infame

como estigmas de basura infertilizando la existencia

   en el piélago de los campos

   en la dársena de los sembradíos

   en la vegetación azul del maíz

Así como el hombre con su muerte

   con su nacimiento

   con su amor por sí mismo

y su falacia de homo sapiens

y su invención demente

de mente privilegiada

y su satisfacción de mentes modernas

y sus planeaciones dementes

Así en el hartazgo

en el hastío

repito

empero

HASTÍO

Así como se acaba esta no tragedia

como sea lo que tenga que ser

como tengamos que Ser

Así sin el SÍ

Sí sin la A

Así entonces con quién o qué no me salvo?

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MIRA QUE LA noche se blanquea

que la aurorra no tiene nuestros ojos

para presenciar la catástrofe

   el desorden en las avenidas

   el amanecer de nuestros niños

   la cabalgata del fin

   el delfín anunciando el suicidio de la mar

mira que no tenemos acceso a cirugías

a apropiarnos de pupilas ajenas

o máquinas de scanner

a reconstruir la imagen de hace poco

Mira el cristal del cielo

que es una bomba para quienes no saben volar

   un cenicero con alambique

henchido de arácnidos pulmonados

y se astilla en tus ojos

mira el cristal del cielo

y se astilla nuevamente en tu catadura hipócrita

Mira que se vuelve hecatombe

tempestad   caída

   la terca sequedad que acosa mi garganta

Mira que las sombras escamotean tu noche

mira que la sombra es un péndulo extraviado

   un oráculo sin conexiones y señales

   una clepsidra con invasiones de desierto

Mira lo que debas mirar

aunque te cercenen la vista

y la patria no ande nada pero nada bien

aunque la bandera sea un pretexto

para cobijar tus sueños

y la bufanda de otras realidades

se te suba a tu ciudad de ciegos

   a tu densidad de centinela

Mira que el amor es un cíclope más salvaje

de lo que esperamos

   un invierno gigante casi inacabable

casi indestructible

que sólo sabe contemplar con gozo

cuando la inutilidad del músculo

anuncia el frío inmediato del no tiempo

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