Domingo, 29 de Junio de 2008
En la mazmorra de la melancolía
Existen amores que acompañan a la soledad y la penumbra
Juegos dramáticos y eróticos para no perder el tiempo
Existe una mujer helénica una escultura fornicada por el jazz.
En la senda de la locura y la nostalgia
La vedada luz de los ciegos
Forman la mar mecánica de los clarinetistas,
En la noche asesinada
Las palabras marchan sobre el cementerio de peces
Sobre senderos de papel y opio.
En la penumbra de las luciérnagas
Los invidentes escudriñan en el fondo de la noche
Tratando de encontrar mascaras perfumadas
Que lloren la sangre de una eterna madrugada.
Sábado, 28 de Junio de 2008
Eduardo Hurtado
La Oración del Ogro confirma a Jaime Reyes como un poeta refractario a toda retórica: sin aferrarse a sus hallazgos, deja atrás ese ritmo febril que en su libro anterior le permitió movilizar imágenes de una enorme violencia, para concentrarse en la invención de un lenguaje capaz de pactar con las voces de la tribu. El título desplaza el eco remoto de un texto excepcional del siglo xv, La oración sobre la dignidad del hombre, en el que Pico della Mirandola descubre al ser humano como un huésped incómodo en el cosmos definido y armónico de la ciudad renacentista. La oración de Reyes conjura presencias que destrozan toda normalidad. Arranca con un poema que es al mismo tiempo una dedicatoria, “A José Revueltas”, y en las páginas que siguen traza un recorrido que va de tumbo en tumbo por algunos paisajes utópicos de los años sesenta y setenta. El heroísmo de los personajes que habitan estos primeros poemas parece brotar de una idea que nos lleva de regreso al pensador florentino: el hombre no es el centro del cosmos, sino excentricidad del cosmos, criatura en la que el orden de la creación pierde la cabeza; carece de lugar tanto como de identidad, y precisamente por eso puede asentarse en cualquier sitio y ser cualquier personaje que se proponga. En el orden preciso de todo lo creado, el ser humano ha llegado tarde al reparto de posesiones: no hay lugar ni rostro que le pertenezcan, tiene toda la traza del proletario.
Fuente: Letras Libres
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Viernes, 27 de Junio de 2008
Porque el mar constantemente me acosa con tu distancia,
nublando mi vista con esperanza espesa de tu boca,
donde deje anclada mi despedida
con la tibia ansiedad pariendo llantos,
descifrando soledades advertidas
con las manos privadas de tu fuego,
con la lengua en carbón para matarte
cual fantasma que tiñe tus días
para enseñárte a ceñirme a tu cuerpo,
fantasía que hurga a tientas
tu desandada alegría,
que convive con la mia
cual si fuese mar abierto.
Sábado, 21 de Junio de 2008
A Bernavé Olivares
Tanta extravagancia de sentirme viva,
resucita tu boca; cáliz vibrante que desborda el centro
de tu despedida,
porque hoy quisiera
agudizar la noche,
con palabras tercas.
Ser tan necia como lo permitas,
y escurrir la hiel entre mis dedos.
Señalar tu latitud con amenazas de puertas abiertas,
taxis no tomados,
rutas extraviadas,
ganas en derrota
actitud divina de saberme diosa, llorosa, consciente
de lo inesperado.
Miércoles, 18 de Junio de 2008
Blanco
(Fragmento)
[…]
Caes de tu cuerpo a tu sombra no allá sino en mis ojos
en un caer inmóvil de cascada cielo y suelo se juntan
caes de tu sombra a tu nombre intocable horizonte
te precipitas en tus semejanzas yo soy tu lejanía
caes de tu nombre a tu cuerpo el más allá de la mirada
en un presente que no acaba las imaginaciones de la arena
caes en tu comienzo las disipadas fábulas del viento
derramada en mi cuerpo yo soy la estela de tus erosiones
tú te repartes como el lenguaje espacio dios descuartizado
tu me repartes en tus partes altar el pensamiento el cuchillo
vientre teatro de la sangre eje de los solsticios
yedra arbórea lengua tizón de frescura el firmamento es macho y hembra
temblor de tierra de tu grupa testigos los testículos solares
lluvia de tus talones en mi espalda falo el pensar y vulva la palabra
ojo jaguar en espesura de pestañas espacio es cuerpo signo pensamiento
la hendidura encarnada en la maleza siempre dos sílabas enamoradas
los labios negros de la profetisa A d i v i n a n z a
entera en cada parte te repartes las espirales transfiguraciones
tu cuerpo son los cuerpos del instante es cuerpo el tiempo del mundo
pensado soñado encarnado visto tocado devanecido
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Lunes, 16 de Junio de 2008
En los hospicios del mundo el fúnebre santuario del atma
Ama hasta hundirse en su ocaso
Sacrifica la razón detrás de las estrellas,
Desaparece para dar cauce a los sutiles
y diversos movimientos del caos
Mira anquilosamente y llena de embriaguez redime el cuerpo
Enaltece el abrumador silencio del éxtasis
y muere al cesar el vuelo de la mariposa.
El extraño enloquecimiento traza,
irrumpe y deforma la taxonómica metamorfosis del silencio,
se echa a rodar velozmente como la luna asfaltada y mojada
Las metáforas cósmicas se vuelven la cruel exigencia de lo real
y se pierden así mismas en la niebla,
allá en el fondo turquí de la cuesta sombría.
En los hospicios del mundo duermen las blancas azucenas, los nardos y las almas
Ocultan el amargo dolor matando la ilusión del final inmediato
Miércoles, 4 de Junio de 2008
Cómo me agradaría sugerirte una que otra estupidez,
decirte: ¡mira el cielo!, vé mis manos,
regresemos a aquel cuarto otra vez.
Pero como no puedes…
Las cosas se preguntan una vez,
una sola,
y en el rechazo el infierno es para dos,
y como he podido escapar de aquellas llamas,
así como me obligaste a retroceder,
el invierno será para ti solo,
el fuego un disturbio congelado,
que hará frío en tus venas,
escarcha en tus manos,
y yo, en el purgatorio desde lejos te diré:
como me agradaría sugerirte una que otra estupidez.
Miércoles, 4 de Junio de 2008
Porque hoy soy y permanezco
jugando a que en un momento seré
y porque al corazón le da por largarse en bicicleta
y suponer que alguien lo espera.
El mundo de sus suposiciones es tan cercano
que abarca sólo tres neuronas por segundo
… y así las va matando.
Una neurona dice:
seguramente está pensando en mí,
y las otras dos desaparecen,
porque saben que sólo harán daño.
Y entonces el corazón regresa a pie,
porque la ferocidad del caballo,
lo haría volver inevitablemente.
Regresa a mí cansado por el viaje,
sapiente de su derrota,
consciente de que no soy de la que da consuelo,
tampoco la que en vano se reprocha.
Porque fui yo misma la que sugirió
que no habría desgracia.