Jaime reyes: Oración del ogro – Fragmentos
Eduardo Hurtado
La Oración del Ogro confirma a Jaime Reyes como un poeta refractario a toda retórica: sin aferrarse a sus hallazgos, deja atrás ese ritmo febril que en su libro anterior le permitió movilizar imágenes de una enorme violencia, para concentrarse en la invención de un lenguaje capaz de pactar con las voces de la tribu. El título desplaza el eco remoto de un texto excepcional del siglo xv, La oración sobre la dignidad del hombre, en el que Pico della Mirandola descubre al ser humano como un huésped incómodo en el cosmos definido y armónico de la ciudad renacentista. La oración de Reyes conjura presencias que destrozan toda normalidad. Arranca con un poema que es al mismo tiempo una dedicatoria, “A José Revueltas”, y en las páginas que siguen traza un recorrido que va de tumbo en tumbo por algunos paisajes utópicos de los años sesenta y setenta. El heroísmo de los personajes que habitan estos primeros poemas parece brotar de una idea que nos lleva de regreso al pensador florentino: el hombre no es el centro del cosmos, sino excentricidad del cosmos, criatura en la que el orden de la creación pierde la cabeza; carece de lugar tanto como de identidad, y precisamente por eso puede asentarse en cualquier sitio y ser cualquier personaje que se proponga. En el orden preciso de todo lo creado, el ser humano ha llegado tarde al reparto de posesiones: no hay lugar ni rostro que le pertenezcan, tiene toda la traza del proletario.
Fuente: Letras Libres

