MI VOZ
Aldaba oxidada resucitando en la memoria de los siglos
gritando al odio atrincherado en el fondo de la vida
Mi cuerpo
Torre de ajedrez acorralando a ese rey temeroso
guarecido entre tus manos
Aniquiladas las paredes entre el silencio de invierno
que cae sobre los barcos de papel que sostiene tu nostalgia
Imposible zarpar
imposible zarpar hacia las épocas hermosas del mar
a los viajes de polizonte ansiando desplegar la esperanza
en el puerto llamado infancia
El continente de la luna habitando tus pupilas
La capsula de oxígeno reavivando los rescoldos
de cada encuentro en los parques
en las avenidas que siempre dieron al fuego
Imposible mujer
Volcanes y caminos
Sitios y lugares olvidados sobre hormigones inacabados
en esa habitación adornando tu carne de besos
que con su viejo cincel perforan los muros
el tejado de tus sueños
Algo de la noche desentierra un poco de oro
Pulsa en tu recuerdo
y dice que ya todo está perdido
A mi abuelo Rodolfo
Para todos sus hijos
Por ese brindis y esa partida de naipes
que nunca comenzó
COMIENZA EL PUEBLO a emitir señales con su ojo de dragón
Faro de concreto
centinela de dársenas prohibidas
de ínsulas atormentadas por el acecho de forasteros
Arroja tercamente su bandada de holocaustos
su tragedia desplegando las alas
tejiendo el emplumado silencio de la guacamaya circular
encerrada en la jaula del atardecer
y el viejo ”cara de máquina” desanda en pasillos de fuego
conquistando cementerios y cirios
derribando imperios de ajedrez y naipes
bebiendo a sorbos apresurados su desdicha
instilando su cansancio sobre otras almas
El pueblo comienza a reclamar las huellas
de un hombre que hace años abordó el ferrocarril
y sólo el cadáver de su ausencia es lo que queda
en esa casa techada con tejas
a la que me duele tanto volver
COMPAÑIA
En la mazmorra de la melancolía
Existen amores que acompañan a la soledad y la penumbra
Juegos dramáticos y eróticos para no perder el tiempo
Existe una mujer helénica una escultura fornicada por el jazz.
En la senda de la locura y la nostalgia
La vedada luz de los ciegos
Forman la mar mecánica de los clarinetistas,
En la noche asesinada
Las palabras marchan sobre el cementerio de peces
Sobre senderos de papel y opio.
En la penumbra de las luciérnagas
Los invidentes escudriñan en el fondo de la noche
Tratando de encontrar mascaras perfumadas
Que lloren la sangre de una eterna madrugada.
Porque el mar constantemente me acosa con tu distancia,
nublando mi vista con esperanza espesa de tu boca,
donde deje anclada mi despedida
con la tibia ansiedad pariendo llantos,
descifrando soledades advertidas
con las manos privadas de tu fuego,
con la lengua en carbón para matarte
cual fantasma que tiñe tus días
para enseñárte a ceñirme a tu cuerpo,
fantasía que hurga a tientas
tu desandada alegría,
que convive con la mia
cual si fuese mar abierto.

A Leopoldo Ma. Panero.
Mira tras la puerta para no encontrarte
Han de saber que sales por las noches
a cazar fantasmas
que te ahogas de humo y tristeza encolerizada
hallando tu divina providencia
bajo los golpes secos de una máquina de zurcir palabras
Han de saber que existes para despreciarte
las cuatro caras sumergidas en la vergüenza
te hablan quedamente al oído
algo en ti vivifica tu rastro a tabaco
bajo el camino de piedras y pilas de carne
hablas como descifrando la noche
convocas al cuerpo abandonado de una virgen sin reposo
— el laboratorio de tus dudas
ha dejado de exponer desacuerdos
y sólo se viste de palabras contrariadas
entonces en la cárcel la cama es tuya
en el manicomio peores guerreros derribaron tu locura
en el abandono tu muerte acabó por despreciarte
aún así reías bailoteando con las manos
pisoteando la tumba de tu engaño
y el corazón fijo sobre el pecho
en contra del mundo
la locura ya no fue en retroceso
porque tu delirio ganó la partida más profana.
Hay oleajes invisibles que amarran la soledad por todas partes, como la caminata diurna de las hormigas barriendo sueños en la montaña, hilvanando con ausencia, el extravío de una boca de tierra, en los barcos de papel arrojados en la sabana rocosa y nítida como es el agua. Y entonces, pienso en la vida de los pájaros, en el cauce y el cielo de sus ojos tremendamente devastados. Cómo será el aire y su indulgencia, esa pálida figura surcando valles acaecidos. La derrota acechando tu paladar de niña buena, tus amores derruidos como el asombro de tu desnudez frente al espejo.
Qué te parece si me atrevo a creer que tu boca sabe mejor si fuese tuya, y tu mano remendada en cada árbol, el reflejo hereditario de tu comportamiento. Qué te parece si esta moral del desastre cayese siempre en una boca sembrada de abono por las manos de un hombre que no es para sí, sino de ausencia, la libertad de ausencia, la libertad en una hoja de ausencia, la libertad en una hoja escrita de ausencia.
De tu boca sabe mejor, sin soledad o espejos fluidos, ni siquiera rotos de apuntes cualesquiera, sin descenso y encanto, ataviados casi siempre de luces verdosas que señalan una avenida sin retorno, anunciando el final de esta espera, como quien regresa a una casa, que hace años, fue nuestra.
LA MUERTE será un preámbulo para el delirio
guarecido en el caudal de visiones que alucinará tu sangre
Allí estará la pericia de tu vientre
reconstruyendo dolorosamente la sepultada entrega
de lo que pudo ser un sol palpitando siete veces sobre la cama
en la que agonizas desde hace tantos encuentros no acontecidos
Allí la manivela oxidada de tu boca rotando inútilmente
en entes inventados por el plástico fino color malva
que la soledad ha de pintar en tus mejillas
Las puertas de tu corazón maullarán
en el umbral de hombres ajenos habitados de oquedad
Me amarás cuando esté muerto
y la carroña de los siglos sea una peste volcánica
en la sinuosa maldición de tu carne
QUÉ DEL AMOR ahogándose en tus lágrimas
del arlequín agonizando entre tus muslos
y ese hombre que prometió extirpar
la mezquina orfandad que te dejaron los abuelos
Qué de la caricia sepultada en el desprecio
Dime mujer qué hiciste del vocablo infinito
en la noche roja dibujada en el rostro del asesino
Un festín de cuerpos alimentando su hermandad?
Una enloquecida entrega saciando tu tristeza?
Qué de la persistencia de tus ojos
guardada en la vaina de tus gafas
esa afilada mirada lacerando demonios
Qué de tu pasión crucificada en tugurios de mala muerte
coronada de cristales
Sangre amarilla escurriendo en tu frente
Clavos de silencio horadando la podredumbre de tu carne
A qué tanto arrepentimiento fingido
tanta muerte inútil vociferada a los cuatro vientos
Para qué despojarnos del pasado
Si cuando te conocí ya eras una sirena
hambrienta de almas navegantes
A la mujer de ausencia.
Es el cuerpo en el fondo de tu nombre, el que sale a relucir su vestido florecido en las mañanas. Mi encuentro es el lado de tu cara que no observa el solsticio, la envergadura de perpendiculares rayos atravesados a tu cintura, como una víbora, ahogando su presa amurallada. Mi encuentro, es tu cuerpo de escarlata sacudiendo tu pirámide cuadrada, flagelando tu cansancio.
Mis ojos no ven más el silencio; un ruido desértico subió por la azotea, hacia el paredón de tu saliva, a vigilar tu boca de astillas, tu boca de espadas, tu boca de cemento. Es por eso: tu cuerpo en el fondo de tu nombre es luz cansada de una ciudad perdida. En vano, mi caminata acecha tu fulgor derrumbado, si eres como milagro y escombro en otro cuerpo aprisionado.
Quién soy
sino arrecife a ras de agua
esqueleto provinciano de perlas y capitanes marítimos
Mi columna es el fondo de una superficie riesgosa
donde la profundidad cubre estelas de animales
que encuentran su refugio
O acaso cordillera alargada al fondo del océano
suelo submarino
tocando la marejada inconfundible del olvido
-seres orgásmicos
constructores de una selva aguamarina-
Soy barco en altamar
caminata nostálgica en edad de velas y canoas
barco vikingo anclado a las orillas de una costa estéril
flecha de cuatro picos apuntando al horizonte muerto
Soy tallo mortecino diminuto
Astro que ha de ceder
a la distancia
al acecho
y al abandono de los siglos


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