Ahora te nombro, incendio, y en tu hoguera
me reconozco: vi en tu llamarada
lo destruido y lo remoto.
Pacheco, José Emilio.
Tuvieron que matarnos a todos
reconstruir la simpleza
el blanco y negro
porque hijos simples
y bastardos fuimos
testarudos al menos
cómo enfrentarnos al mundo
no supimos
la verdad a puño cerrado
porvenir quebrantado
calló su silencio finito
Tuvieron que matarnos a todos
parirnos nuevamente
con el mundo de fuera
con los ojos de fuera
con los dientes de fuera
desgajados al encanto de la vida
como espejos donde el tiempo muere
a veces amargo y pensativo
a veces estatua
a veces vacío
