A la mujer de ausencia.
Es el cuerpo en el fondo de tu nombre, el que sale a relucir su vestido florecido en las mañanas. Mi encuentro es el lado de tu cara que no observa el solsticio, la envergadura de perpendiculares rayos atravesados a tu cintura, como una víbora, ahogando su presa amurallada. Mi encuentro, es tu cuerpo de escarlata sacudiendo tu pirámide cuadrada, flagelando tu cansancio.
Mis ojos no ven más el silencio; un ruido desértico subió por la azotea, hacia el paredón de tu saliva, a vigilar tu boca de astillas, tu boca de espadas, tu boca de cemento. Es por eso: tu cuerpo en el fondo de tu nombre es luz cansada de una ciudad perdida. En vano, mi caminata acecha tu fulgor derrumbado, si eres como milagro y escombro en otro cuerpo aprisionado.
