A Sandra Campos Martínez,
mi amiga poeta.
Si un suspiro es aullidos amaestrados
entonces
tu pecho bífido fue dos potras alunadas
apeadas a la crin de la insondable.
Sí, lo suspiro, huracán ensangrentado
tu sexo percebe vapor varado a la ribera del náufrago apetito.
Bésame como quien mastica la azucena odiada.
Bésame en la frente del sueño que te cultiva.
¡Bésame!, no te limites tan sólo a consentir mis labios.
Mientras mis dedos auscultan el párvulo aguaorgasmo
que pernocta bajo tu falda que repta por encima de los 17 años,
mientras mi mano mari/posa sobre tu pecho izquierdo
al modo de un saludo primitivo,
en tanto exploro tu órgano salvaje
¡Cuzco de tu forma en existencia!,
y te miras en el marco/polo de mis ojos
lenguanaconda que circunda tu pulso austral:
Tu pulso tibio chileno.
Tu pulso de doliente bandoneón.
Tu boca de Mina.
Oleaje bermejo que arremete contra la luna en gajos de mi caleta,
de mis cejas de arco iris apagado
es tu im/pulso a combatir mi sangre
es tu a veces aquiescencia contra mi siempre apetito:
De tener tiempo y mundo suficientes
no sería un delito tu recato, dijo el poeta.
Es el blando molcajete de tu boca machacando la yerba nueva de mi saliva
tu saliva que entonces siembra el florido aroma.
¡Ah! si aquesta montaña que lleva a cuestas su verdura legendaria
llenara mi negra, hondísima pupila
como los minúsculos accidentes de tu corpografía
me gastaría la vida mirando cómo las gusanas nubes,
allende la ventana, pasan midiendo el infinito.
¡Pero no!, lo ciclópeo de tu senote.
¡Pero no!, tus nalgas de pequeña Goliat.
¡Pero no!, las fojas prohibidas de tu eroteca,
ni la cera enhiesta en que el semen se despabila
ni el cántaro amarelo de tu voz
ni el cántaro canoro de tu canto
no me seduce, no, tu vestido acuerpado por tu cuerpo desvestido,
mi me ata a tu existencia el cañamazo del destino.
Acaso me seduce la cabellera de sangre que alborota tu despido
cuando urge que te marches a apagar el infinito
o a encender la lumbre de lo que fue,
pero te irás…
¡Te irás!
Tendrás que abordar un vagón de la semana
Y partir, mi amor, en gajos.
Eso me urge a poseerte
a que seas mía mientras estás siendo mía,
mientras el cuerpo de mi sombra te posee,
mientras la espesa luz de mi existencia
se filtre por las tontas persianas de tu memoria
me seduce que tu forma no sea un trazo renacentista
o la pose amanerada de ciertas estatuas griegas en el museo de Louvre
que no dures piedra para siempre
amo que tu amor sea la chispa que prenda el incendio
y no el fuego irascible, inacabable.
Agradezco que tu madre te haya parido y camines hacia la muerte.
Y quizá, por un descuido, tenga mi suerte que dar contigo
en un punto del camino
donde ya me había detenido a no buscarte.
Y ser una estación hacia la muerte que vives
buscarte muy mujer
Y encontrarte apenas niña.
Quiero darte este amor con esa parsimonia del que está llegando
y recibir lo tuyo con la premura del que se despide;
que nuestra conversación sea una plática
entre un zumbante colibrí y una iguana muda
un silencio florido
un odio de amor
un beber el agua epistolar de tus miradas
sin pre/ocuparme de que ésta mi hambre
haya de preñar un mundo
en que mi corazón es un polen que guardo
para el florido porvenir de los jardines
amar es eso
ser labrador de futuros huertos
amor es eso
sembrar verde en lo desierto
y acaso sea el del amante el más duro trabajo
amando de luna a luna sin devengar un sol,
pero esa lágrima (minúsculo salario) es el pago que pare un poro enamorado.
Amor, déjame amarme y dolerme en ti
que tu dermis bañada en espesas perlas de sudor
sea espejo de mi sombra maquillada de canela
Amor, sé mujer en mí, mientras vaga el mundo
mientras el corazón de Dios sea un satélite
del círculo mordido de nuestro amor
mientras este negro sayal nos arrebuja
Amadora
ven conmigo para acompañarte a no dormir
Amadora
échate conmigo para hacer todo el amor que le haga falta al mundo…
y luego,
déjame un pétalo recién podado de tu aroma
para perfumar la alcoba en que fuimos ajetreo
déjame el sol de tus rodillas calcado en la mejilla de la cama
déjame tu aliento tabacalero como atmósfera sucedánea
déjame la sombra de tus dedos para barajar la noche
ebria de tahúr
déjame el impulso de tus caderas para derribar un roble erecto
déjeme en medio del patio tu ombligo como un pozo
donde pueda beber sed esta mi animal hambre
déjame el ruido de tus pasos como un fiel despertador.
Déjame, abandóname, ¡vete!
Amar es despedirse, irse
déjame que te ame mientras me voy,
mientras nos vamos,
mientras nos estamos yendo… A Dios.